domingo, 23 de agosto de 2009

TERROR DEL AÑO 5000 (USA, 1958)

Título Original: Terror from the Year 5000. Director: Robert J. Gurney Jr. Intérpretes: Ward Costello (Dr. Robert Hedges), Joyce Holden (Claire Erling), Frederic Downs (Prof. Howard Erling), John Stratton (Víctor), Salome Jens (Visitante del futuro), Fred Herrick (Angelo), Beatrice Furdeaux (Miss Blake, la secretaria), Jack Diamond (Técnico de radiología). Duración: 73 minutos.

Síntomas: Un científico y su joven ayudante logran crear una máquina del tiempo, una cápsula que permite enviar y recibir objetos a través de las épocas. Pero junto con esos envíos vendrá además una amenaza que no podían prever y cuyas consecuencias pueden variar el futuro de la humanidad.

Diagnóstico: La AIP (American Internacional Pictures) es una productora que cuenta con el cariño de los aficionados al género fantástico merced a sus apreciables producciones de serie B (principalmente las dirigidas por Roger Corman con o sin argumento de Poe) y sus innumerables delirios destinados a una tercera división mucho más zetosa pero no por ello menos divertida. “Terror del año 5000”, por supuesto, se encuadra de lleno en este último grupo, constituyendo además, uno de los títulos más extraños y demenciales de la prolífica trayectoria de esta productora fundada por James H. Nicholson y Samuel Z. Arkoff.

El contacto con una avanzada civilización proveniente de varios miles de años en el futuro siempre es estimulante y H.G. Wells ya la trató en su maravilloso relato “La Máquina del Tiempo” que cuenta con algunas adaptaciones cinematográficas así como numerosas secuelas literarias. Lo que sobre el papel prometía un argumento más que interesante aquí se convierte en un auténtico delirio sin sentido, realizado de forma chapucera y con una realización digna de un Ed Wood Jr. en horas bajas: escenarios funcionales que denotan cierta desidia en la puesta en escena, interpretaciones mediocres en el mejor de los casos, efectos especiales de traca y diálogos sin sentido. La confusión argumental es producida sobre todo por una ausencia de explicación en las acciones de los personajes y por una serie de historias que son apuntadas para luego abandonarlas de inmediato y dejarlas sin resolver. Para muestra veamos el siguiente ejemplo: tras inventar la máquina, el Profesor Erlingse y su joven ayudante (esta película estuvo destinada en un principio a titularse “Yo fui un científico adolescente”) dedican a efectuar un trueque o canjeo de objetos con los habitantes del futuro a través de la cápsula inventada –que por cierto, cuenta con una estética digna de los inventos del Profesor Bacterio). Tras el éxito de estos experimentos surge el siguiente conflicto:

La verificación objetiva del exterior no sabemos muy bien a qué se refiere, aunque luego adivinamos que se trata de la prueba del Carbono-14 que debía ser el último grito en aquel entonces. Pero los motivos personales de Víctor, mecenas del proyecto, nunca se nos descubren, es más, no se vuelven a mencionar dejando esas alusiones en el aire durante el resto de la película. Error de bulto de guionista nóvel.
Delirante supone también la escena en la que el arqueólogo protagonista, el Dr. Robert Hedges, recibe, a través del Profesor, uno de estos objetos provenientes del futuro para que lo examine. El diálogo con su secretaria no tiene desperdicio y el motivo de que un eminente científico como él mantenga a una rubia tan tonta como secretaria desde luego supone uno de los mayores misterios de la cinta. Veamos un fragmento de la “científica” conversación y atención al natural gesto que la secretaria hace cuando intenta recordar.

Después de realizar la dichosa prueba del carbono nuestro protagonista establece con asombro que la estatuilla tiene nada más y nada menos que 3200 años de antigüedad. Hasta ahí todo bien. Lo sorprendente es que deduce inmediatamente que la estatuilla proviene del futuro. Ignoro si los resultados del carbono pueden determinar en negativo también los años que no-tendría un objeto venido del futuro, pero por lo menos resulta curioso y si es así hasta supondría un "hallazgo" del guionista. En caso contrario, para este arqueologo un mamut o un Neardenthal bien podrían pertenecer a una civilización posterior a la nuestra.
Las sorpresas no acaban ahí, que va. Resulta que la estatuilla encima era radiactiva -¡qué mala leche!- , así que indignado la coge y se va a buscar al buen profesor para devolvérsela y de paso husmear en sus experimentos. En el aeropuerto, tras una persecución en coche destinada a ponerle algo de suspense al asunto, entabla contacto con la propia hija del profesor Erling (Claire, otra rubia con no muchas más luces que la secretaria y que será objeto de deseo de todos los hombres que pasen por la trama). Tras unos cuantos diálogos idiotas y coqueteos entre los dos personajes, llegan a un pequeño muelle y se disponen a ir a casa del profesor que se encuentra en una isla en medio de los pantanos de Florida. Por cierto, para entonces se ve que ya han perdido la estatuilla radioactiva ya que ninguno de los dos personajes la llevan encima cuando suben a la embarcación. Así que ya sabés, si os la encontráies ¡no la toquéis!

Una vez en casa del profesor una serie de diálogos intrascendentes, más idas y venidas de los personajes por las estancias de la casa (el concepto de elipsis ni se conoce), otros que aparecen por la isla sin saber cómo han llegado (en concreto una enfermera que aparece alegremente paseando por los “idílicos” pantanos de Florida como si fuera un parque) y más trueques con los habitantes del futuro, hasta que tanto va el cántaro a la fuente que, claro, se les cuela una espontánea con muy malas pulgas que pretende llevarse a un semental del siglo XX para poder procrear una raza sana (parece ser que los humanos, por efecto de la radioactividad no andan ya muy sanotes por allí). A todo ello unimos un jardinero voyeur y aficionado al porno, más idas y venidas (¡hasta el propio Dr. Hedges termina bostezando!), autopromoción de las propias películas (los personajes se van al cine a ver I Was a Teenage Frankenstein , estrenada por la AIP ese mismo año) y algún que otro golpe de efecto del guión (impagable la manera en que la hija del doctor descubre a la intrusa una vez que esta se cuela en casa, y hasta aquí puedo leer) para ver, como ya he dejado constancia, una auténtica joya de la psicotronía clásica, una película que deja a las claras, desde sus primeros minutos, los paupérrimos parámetros en los que se mueve y que, a pesar de ello, nos resulta imposible resistirnos hasta que terminan sus demenciales 73 minutos de metraje.

Tráiler de este terror

Por qué hay que verla:
1. Para comprobar que hay vida zetosa después de Ed Wood.
2. Para ver a la visitante del año 5200: una especie de Cat-Women pero infinitamente más psicodélica y con berrugas.
3. Para reírnos con sus diálogos imposibles y sus errores garrafales de guión.
Venta: De momento sólo en Importación, aunque no debe tardar en caer.
E-link (en castellano): Terror Del Año 5000 (1958) (Xvid-Tvrip) By Ignus42.avi

viernes, 14 de agosto de 2009

EL CALAMAR LUCHADOR (Japón, 2004)

Título Original: Ika resuraa Director: Minoru Kawasaki. Intérpretes: Kana Ishida, Osamu Nishimura, Miho Shiraishi, Yoshihiro Takayama. Duración: 91 minutos.

Síntomas: Koji Taguchi gana el campeonato de lucha libre de Japón pero cuando se dispone a recoger su título es derrotado por un desconocido y extraño contrincante que aparece de súbito: un enorme calamar que parece dominar el arte de la lucha libre. En realidad, el calamar es la reencarnación de Kan-ichi Iwata, antiguo campeón que ha regresado para vengarse ya que Taguchi no sólo se ha quedado con el título sino con la mujer que ambos amaban.

Diagnóstico: De antemano, para preparar al personal, tendré que decir que pocos films de los que he reseñado aquí merecen tanto su inclusión en este manicomio. La historia de un luchador de lucha libre NO que se viste como un calamar, no, si no que se ha reencarnado en un auténtico cefalópodo. A partir de esta premisa ¿Qué más podemos esperar?

Pocas filmografías fantásticas pueden presumir de ser tan eclécticas como la japonesa donde todo cabe; de las películas de monstruos para toda la familia al cyber-punk más bestia, pasando por toda una amalgama de temas: dioses mitológicos, fantasmas vengativos, vampiros de las nieves, superhéroes casposos, sádicas torturas o maravillas fantásticas como las rodadas por Mizoguchi o Kobayashi. Todo cabe aunque no necesariamente todo sea original de la cultura nipona. De hecho, la mayor virtud del fantástico japonés no es la originalidad de lo que se cuenta, sino la capacidad que tiene para tomar influencias y temas del extranjero y remodelarlas para convertirlas en una idea completamente original. “El Calamar luchador” es otra buena muestra de ello.

Interpretado en algunos de sus roles por auténticos profesionales de la lucha japonesa, lo insólito de este film es que conscientemente se aleja de todo tono paródico que en un título de estas características podríamos esperar. Su estilo es más parecido al de un melodrama de superación con la lucha libre de fondo del mismo modo que “Rocky” lo era con el trasfondo del boxeo (al que homenajea esta cinta en la secuencia dónde el personaje se prepara para la gran lucha final ante otro bichejo) o Karate Kid” con las artes marciales. No existe un conflicto racional en la película, los personajes asumen con cierta naturalidad (superado el espasmo inicial) la condición de calamar del protagonista. Las explicaciones de cómo ha llegado a ese estado son muy pelegrinas, como tampoco se nos explicó jamás de dónde habían salido los monstruos que acechaban el Japón en los tiempos de Godzilla; ni falta que nos hace. En una sociedad como la nipona, -donde las creencias religiosas (principalmente a través del budismo) están firmemente arraigadas incluso entre la clase más intelectual, donde el manejo de robots y otros artilugios ya hace tiempo que dejó de ser ficción y donde la aceptación de lo inédito, lo fantástico y lo sobrenatural están presente en cualquier conversación común sin miedo a ese ridículo en el que hoy día tememos caer los occidentales donde cualquier comentario nuestro dirigido a la creencia de un “más allá” puede hacer peligrar nuestra seria reputación- todo (o casi) se asume con cierta naturalidad. Con ello no quiero dar a entender que un oriental sea más crédulo o ingenuo, pero sí que estará mayormente preparado para aceptar las premisas de este tipo de locuras, acostumbrados como están a dejar que lo mitológico, lo misterioso y lo fantástico forme parte indisoluble de sus vidas cotidianas.

La soledad del deportista de élite

A tenor de todo lo comentado, decir que nos encontramos ante una trama ya contada un millón de veces: una historia de superación para volver a un estado perdido con anterioridad y, de paso, recuperar un antiguo amor. Como digo, su director, Minoru Kawasaky (que se auto denomina un “Ed Wood con talento”) evita a toda costa la lectura paródica y el humor sainetesco tan caro al cine nipón. Es consciente que la sonrisa (incluso la carcajada) aflorará del espectador por sí sola cuando vea al calamar entrenando en la bicicleta estática, en el mercado haciendo la compra con su cesta al tentáculo o haciendo el amor con su novia (humana) mientras esta le susurra que quiere tener hijos con él. Kawasaki no se priva de dotar a la cinta de cierto mensaje sociológico, convirtiendo a este molusco luchador en una metáfora de una sociedad nipona perdida y desprovista de referentes válidos y estableciendo una leve crítica al poder de manipulación de los "mass media" aunque afortunadamente no cargue “las tintas” (de calamar) en este sentido ni desvíe la atención de lo que vamos a ver: una sencilla historia de superación… con un molusco de protagonista.
Y, paradójicamente, ahí reside también uno de los mayores inconvenientes que se le puede poner a la película, la apabullante simpleza de su historia, apoyando todo el interés en la presencia del monstruo de goma y su “día a día”. Un tipo como Kawasaki, el cual dispone en su filmografía de bizarradas si cabe mayores como ese “Executive Koala”, nos sorprende no solo con ese plano argumento sino con una impersonal dirección y una pobreza formal, algo todavía más alarmante tratándose de una película de estas características que parece pedir a gritos una puesta en escena más gamberra. Kawasaki opta por un estilo clásico, sin alardes de cámara ni apenas efectos infográficos, un estilo casi telefílmico dónde además los momentos dramáticos son tratados con altos grados de ñoñería, acentuada si cabe por su empalagosa banda sonora.
Así el experimento se queda en un incómodo terreno de nadie; entre dos aguas que provocará reacciones contrapuestas entre aquellos que piensen que es una obra maestra de la psicotronía moderna y los que crean que la cinta simplemente supone una solemne estupidez.
¿Mi diagnóstico? Imposible decidirme a la luz de nuestra mentalidad occidental. Con este calamar luchador, sólo nos queda dejar de lado nuestros prejuicios, nuestras propias ideas de lo que debe ser una historia y disfrutar de una cinta llana, entretenida y con una moralina simple pero decididamente simpática.



Trailer de "El Calamar Luchador"
(agarraos los machos, que dicen)

No puede perdérsela: El amante de lo BIZARRO así, con mayúsculas.
Abstenerse: El que nunca haya soportado la ñoñería al estilo Gamera y compañía.
Cómo comprarla: Hoy por hoy en DVD de Importación
Emule: Calamari.wrestler.2004.dvdrip.xvid-phreniac.avi
Subtítulos en castellano: Calamari.Wrestler.Spanish.Asia_Team.Net.rar

viernes, 7 de agosto de 2009

SERPIENTE DE MAR (España-USA, 1984)

Director: Amando de Ossorio. Intérpretes: Timothy Bottoms (Pedro Fontán), Taryn Power (Margaret), Ray Milland (Profesor Timothy Wallace), Jared Martin, Gérard Tichy, Carole James, Jack Taylor (asesino), Víctor Israel, Miguel de Grandy, José Canalejas, Paul Benson, León Klimovsky (Doctor), Eduardo Bea, Teresa del Olmo, Alicia González. Duración: 88 minutos.

Síntomas: Debido a una explosión nuclear, una prehistórica serpiente de mar es despertada de su hibernación (vamos, o eso deducimos) para desatar el caos y el terror entre los marineros y demás parientes. Un pescador con problemas con la bebida y una pija americana son los únicos testigos del monstruo, pero nadie parece dispuesto a creerles. Es normal, recién vista la peli yo tampoco termino de dar crédito.

Diagnóstico: Considerada, con todo merecimiento, una de las más lamentables muestras del género fantástico español (lo cual ya tiene su mérito), Serpiente de mar ya tenía visos de ser una película maldita desde su misma gestación. Su director, Amando de Ossorio, en una entrevista realizada poco antes de su fallecimiento llegó a decir literalmente que ese film “le quitó la vida” y ciertamente no hablaba por hablar. Finalizando el rodaje, y debido a las innumerables dificultades que se produjeron durante el mismo, Ossorio sufrió un fuerte ataque al corazón que le retiró definitivamente de la dirección y mermó su salud de por vida. Y eso que todavía no había visto el resultado final.
El bueno de Amando echa toda la culpa al productor, José Frade (ese señor siempre tan sonriente que acompaña a Norma Duval en los últimos años), acusándole de engañarle con falsos argumentos y echando por tierra una producción que hubiera requerido bastante más capital del que parece ser que el productor madrileño invirtió. Os transcribo sus palabras de la entrevista publicada para el libro “Cine fantástico y de terror español: 1980-1983)” editado por la Semana de Cine Fantástico de San Sebastián:
“Me llamó José Frade y me preguntó por los proyectos que tenía. Él quería una película para Estados Unidos, y aceptaron el guión de Serpiente de mar. Ellos aportaron los actores protagonistas a cambio del mercado americano. (Frade) se quedó con Ray Milland, la hija de Tyrone Power, Timothy Bottoms… y les dio gato por liebre. Fue un desastre, porque ésta no era una película de cuatro semanas, aquí ya hacía falta una gran inversión en efectos especiales que no se hizo. Una porquería rodada en inglés hecha de cualquier manera(… )De esta película se pueden contar horrores. A mí me costó un disgusto, incluso físico”.

A tenor de lo dicho por su director podríamos deducir que nos encontramos ante un caso similar al de “The Giant Claw” (1957) esto es, una buena película de ciencia-ficción malograda por unos deficientes efectos especiales. Nada más lejos. No es justo que toda la culpa se le eche al poco presupuesto (visto los resultados debieron ser unas 500 pesetas de las de entonces) de sus efectos especiales. Para ser sinceros el guión es tan precario como los medios que se pusieron al alcance para su ejecución. Los personajes son prácticamente inexistentes, sus diálogos absolutamente bochornosos y plagados de tópicos y frases hechas del género, con reacciones cándidas e ingenuas en el mejor de los casos. Incluso existen personajes (caso del mafioso interpretado por Jack Taylor) que aparecen y desaparecen de la trama sin la menor explicación. Un guión que hoy no serviría ni para un aprobado raspado de un alumno de 1º de carrera. Citaré sólo un par de ejemplos:
Al comienzo de la película un barco pesquero encuentra toneladas de peces muertos. No saben si es debido a la contaminación, a la radioactividad, a un suicidio colectivo… El patrón del pesquero, para descubrirlo no tiene otra idea que la de cocinar uno de los peces y comérselo. Claro, cuando ve que el pez brilla en la oscuridad piensa que mejor no terminar la cena y arrojar el cargamento de nuevo al mar.
En otro momento, cuando los protagonistas se reúnen para decidir qué van a hacer con la bestia, al personaje de Milland no se le ocurre otra cosa que ir al puerto a robar unas bengalas “la intención es asustarle; no queremos dañar al animalito. Sólo una bondadosa acción disuasoria”, palabras textuales. ¿Acción disuasoria? ¿Para qué? ¿Quizá el animal entienda así que no debe molestar a los humanos y se meterá de nuevo en el agujero de dónde nunca debió salir? No lo llegamos a descubrir nunca. Ossorio se llevó el secreto a la tumba, porque al final de la película los personajes tampoco hacen mucho de lo que previamente planearon.

Hoy día, vista la película con el suficiente distanciamiento parece clara la jugada de Frade, un productor que de tonto no tiene un pelo. Leído el ridículo guión pensaría que al menos serviría de excusa para sacarles el reparto a los americanos, invertir el dinero que se merecía tan delirante proyecto (o sea apenas unas pesetillas) y embolsarse unos pingües beneficios.
La película puede tener sus simpatizantes (entre los que me encuentro) ya no sólo porque va directa al grano –la primera aparición del monstruo se produce a los cuatro minutos- sino por ese claro homenaje que supone a la serie b norteamericana de los años 50, con “El Monstruo de los Tiempos Remotos” (1953) a la cabeza, así como su acercamiento al Kaiju eiga japonés que se plasma especialmente en secuencias como la serpiente destrozando la maqueta del faro, que hasta puede resultar entrañable. Pero el diseño del monstruo (una especie de marioneta de calcetín con ojos saltones y aletas de papel de fumar) echa por tierra cualquier posibilidad de plantearse la película ni como una ingenua diversión. Prueba de que la película no se puede tomar en serio es que ni siquiera se establecieron acciones legales contra la banda sonora, un burdo calco de la maravillosa partitura de John Williams para “Jaws" (1975) .

Ossorio ha sido sin duda un director singular dentro del panorama fantástico español al que le debemos sobretodo su tetralogía de los Templarios y con ello la creación de uno de los pocos monstruos eminentemente patrios (no olvidemos que el Hombre-lobo de Naschy está presente en diversos culturas y no es de exclusividad hispana) pero por mucho que nos empeñemos en demonizar la cinta que hoy nos ocupa, los resultados de la misma tampoco difieren mucho de otros trabajos de su realizador: torpeza narrativa, tosca puesta en escena, deficientes efectos especiales… Si Ossorio hubiera demostrado cierta sabiduría hubiera escatimado las apariciones de la ridícula criatura minimizando sus jocosos efectos, por ejemplo. Tuve la oportunidad en su día de ver en cine el tráiler promocional y ya de por sí puedo asegurar que era bastante disuasorio incluso para un mozalbete como yo en aquellos años.

En cuanto a los actores, ¿qué decir salvo que están acorde con el resto del filme? Timothy Bottoms parece estar pensando todo el tiempo cómo ha llegado a filmar este tipo de pelis con el comienzo tan prometedor que tuvo, Taryn Power, espantosa, viendo como se esfuma su última oportunidad de hacer algo en esto del cine y sólo un deteriorado Ray Milland (esta fue su última aparición en pantalla) parece de vuelta de todo e incluso dispuesto a divertirse mientras tomaba el sol en Lisboa.

Cronología de un gazapo*:
*(El minutaje corresponde al e-link de abajo)
No nos cebaremos demasiado con la película y escogeremos sólo unos pocos momentos que pueden ilustrar muy bien los problemas que tuvieron que lidiar los responsables durante sus escasas semanas de rodaje:

00:18:50. Durante el juicio por negligencia a Pedro Fontán vemos que la mesa donde está Bottoms y su abogado defensor está compuesta por dos piezas separadas o por una sola más larga, según cambiamos de plano medio a plano general. Ossorio revela al respecto lo siguiente: “Un día de repente deciden que hay que acabar todas las sesiones de Bottoms, y tuve que resolver su participación en la escena del juicio en un día a golpe de fotomatón”. Esto además se hace especialmente patente por la pobre ambientación de la sala, compuesta por unos pequeños pupitres que apenas le llegan a las rodillas a los actores y les obligan a sentarse encogidos.
00:31:45. En la secuencia donde Pedro Fontán visita a la americana testigo del monstruo (el personaje interpretado por Powell) observamos cómo esta permanece en una habitación que parece de todo menos de hospital. También al respecto Ossorio declaró en su momento que el presupuesto era tan paupérrimo que tuvieron que simular un hospital en el hotel donde se alojaban y poner cartelitos aquí y allá tipo “Silencio” o “Quirófano”. 00:59:45. Seguimos con hospitales, donde un sobreviviente al ataque del monstruo permanece en estado catatónico (no es para menos una vez visto el teleñeco). Sin embargo vemos claramente como al aparecer el asesino interpretado por Jack Taylor el paciente mueve los ojos en repetidas ocasiones. A este respecto señalar también las dotes de deducción del doctor, interpretado por el entrañable director de cine León Klimovsky, que con sólo echar un vistazo posteriormente, acierta que el paciente ha sido asesinado y de qué modo, en la mejor tradición C.S.I.
Y así podríamos seguir y seguir ya que no he mencionado ni la mitad de fallos de racord, incongruencias y delirios varios que pululan por todo el metraje. Pocas veces una hora y media darán para tanto. Aunque, como siempre, recomiendo su visionado con buena compañía y una carga extra de buen humor. La vais a necesitar.

El ataque de la Bestia

No puede perdérsela: El acérrimo fan de las películas de bichos gigantes.
Abstenerse: El que esté dispuesto a tomársela en serio. No lo va a conseguir.
Cómo comprarla: Ahora mismo sólo se puede acceder en VHS, descatalogada, por supuesto. Urge una edición en DVD con material extra; daría para mucho.
E-Link: Serpiente de Mar (1984.DVD+VHS) Dual [Angeles-Caidos] by Bloodyask.avi

domingo, 2 de agosto de 2009

DAVID DECOTEAU: El esteta de la serie Z

Quizá el nombre de este realizador no le diga nada al gran público, pero a buen seguro que se trata de un viejo conocido para los más recalcitrantes seguidores del cine fantástico de baja estofa. Y con todo, todavía sigue siendo un gran desconocido. Indagando por las distintas webs especializadas he llegado a la conclusión de que al pobre de David se le critica más por sacar en todas sus cintas a muchachos en calzoncillos que por la nula calidad de sus películas. Este tipo de críticas además de trascender el mero comentario fílmico no están exentas de una gran carga de hipocresía: por el mismo motivo celebramos al mismísimo Olen Ray, tan dado a ponernos ante los ojos a sus estupendas actrices ligeras de ropa en cualquiera de sus trabajos. El sexo de sus exhibicionistas intérpretes es lo de menos; el argumento es el mismo.

Otro comentario muy recurrente a la hora de citar a Decoteau es para otorgarle el título de “creador del film de horror gay”. Pero este argumento es tan artificioso como exagerado. Directores gays y que podamos decir que ejercen como tales en sus películas son John Waters o Derek Jarman (por más que hayan tocado el fantástico sólo esporádicamente), por poner sólo dos ejemplos. En cambio Decoteau no expone historias o relaciones explicitamente gays en sus films de horror por más que el aspecto de sus actores nos haga temer que de un momento a otro vayan a empezar a desenfundar sus atributos para “practicar idiomas”. No, Decoteau suele evitar el tema, quizá para no desviar la atención de sus tópicos guiones, quizá para alejar el fantasma de la censura por parte de las retrógradas distribuidoras norteamericanas. El caso es se ha acercado abiertamente a la temática gay en contadas ocasiones y siempre fuera del género fantástico (el drama Leather Jacket Love Story sería un buen ejemplo). Dicho todo esto, hora es ya de entrar en materia con tan controvertido director.

Datos biográficos:
David Decoteau nació en Portland (Oregón) en 1962. Allí se crió como hijo adoptado de una familia de clase media-baja. El niño apuntaba ya maneras desde jovencito. Con apenas 17 años creó él solito el club de fans de Roger Corman. No contento con eso, el joven Decoteau viajó a Los Ángeles con 18 añitos y se presentó en la oficina de su adorado director-productor para pedir trabajo. Ignoro lo que le dirían, pero el caso es que un tiempo después ya lo tenemos como ayudante de producción en “Galaxy of Terror” (una producción Corman de 1981). A partir de ahí, trabaja como asistente de dirección para directores consagrados como Win Wenders en Der Stand der Dinge” y Ken Russell en “La pasión de China Blue”. De ahí da el salto a la dirección y lo hace a través del cine porno en multitud de cintas con el seudónimo de David McCabe. Por fin puede rodar su primer film de género para la Empire: “Dreamaniac” (1986), una de psicópatas. Unas cuantas cintas porno más y por fin le llega el éxito (siempre en los presupuestos ínfimos en los que nos movemos) de “Crepozoides” (1987) que le permite olvidar para siempre el cine de adultos y dedicarse en exclusiva al cine comercial.

Así, podríamos distinguir perfectamente tres etapas en la trayectoria ¿artística? de Decoteau. La primera en el cine de adultos que no nos interesa ahora mismo, una segunda, sin duda la más divertida, donde el bueno de David realiza trabajos para la Full Moon de Charles Band con varios títulos para la saga Puppet Master, Prehysteria 3, Totem… A partir de ahí crea su propia compañía, la Rapid Heart Pictures, y Decoteau, libre de las ataduras de un productor que le exija unos mínimos requisitos, cae en la auto complacencia, da rienda suelta a su dudosa estética y a sus “Screem boys”, como se les ha venido a llamar. Esta es sin duda su periodo menos interesante. Actualmente está enfrascado en emular a su director fetiche con una serie de adaptaciones de la obra de Edgar Allan Poe. Ya lleva tres: House of Usher, El Cuervo y El Pozo y el Péndulo. Que tiemble Roger Corman.
Tiene un Blog Personal en el que adelanta sus novedades cinematográficas y dónde podéis poneros en contacto personalmente con él si os defendéis con el inglés. Seguro que estará encantado de responderos.
BEASTLY BOYZ: historia de una venganza, a la manera de Decoteau

Síntomas del paciente: Principalmente una irritante tendencia a desarrollar una estética de film porno en sus películas (herencia sin duda de sus comienzos): fotografía con azules metálicos, ámbares y rojos chillones, iluminación excesiva incluso en escenas nocturnas, sobre exposición buscada en secuencias de exterior, etc… A ello unimos una nulidad casi absoluta para la narración. Sus argumentos se desarrollan lentamente, el uso de la elipsis brilla por su ausencia, acostumbrándonos a mostrarnos diálogos y acciones totalmente prescindibles dentro de la trama. Así, en sus producciones asistimos con desesperación siempre a unos inicios tediosos que suelen estirarse hasta la mitad del metraje para pasar a unos desenlaces precipitados y , por lo general, torpemente resueltos.
Las relaciones amorosas están desarrolladas siempre de manera muy simple y superficial, con una idealización bastante pueril del amor hetero y unos protagonistas siempre apenas esbozados. Tampoco está especialmente dotado para la creación de atmosferas inquietantes. De este modo, Decoteau tiene que acudir a elementos tan trillados como las subidas repentinas de música, apariciones imprevistas en primer plano o esos interminables relámpagos sin lluvia tan característicos de las películas más góticas de Decoteau (comprobadlo por vosotros mismos).

A Decoteau se le compara muchas veces con Olen Ray. Presupuestos, argumentos, temas y manera de tratarlos es cierto que son muy similares y que a simple vista pueden confundirse perfectamente la autoría de uno u otro. Alguien podría afirmar incluso que son intercambiables. Pero Decoteau, para su desgracia, se encuentra en desventaja con el viejo maestro de la serie Z básicamente porque, al contrario que Olen Ray, David no tiene esa capacidad de reírse de sí mismo y del género que cultiva. Así, sin apenas humor, con muy poco gore y menos sexo, los trabajos de este director se convierten en cintas mucho más áridas de ver que las lúdico-festivas gamberradas de Ray.

Historial Clínico: Sus trabajos superan ampliamente la centena de títulos entre cine de adultos y cine comercial. Imposible repasar ni una cuarta parte de sus films. Como curiosidad decir que es un director muy aficionado a las secuelas, (hasta la docena, de distintas sagas, entre ellas una cuarta parte no oficial de la saga Scream). Pasaremos a mencionar al menos algunas pocas sugerencias para poder conocer someramente a este realizador:

Crepozoides (1987). Aun hoy día, el título más popular de su director y el primero en llegarnos a nosotros, un especie de plagio indisimulado de Alien, con envoltura de cine post-apocalíptico italiano, pobre presupuesto y ridículos efectos especiales. No obstante el diseño de su carátula en las estanterias de aquellos ingénuos video-clubs ochenteros hacía imposible resistirse a alquilarla. Linnea Quigley, luce palmito y la película, aun siendo mala, resulta hoy día todavía entrañable de ver.

Esqueletos (1997) Tras sufrir un ataque al corazón, Peter Crane, un famoso periodista neoyorquino, se replantea su vida y decide mudarse con su familia a un idílico pueblecito del estado de Maine. Todo parece marchar a la perfección pero, un día, una mujer se presenta en su casa aterrorizada ya que han detenido a su hijo por un asesinato que ella está convencida que no ha cometido. Peter decide investigar por su cuenta pero enseguida se dará cuenta que los antes amables habitantes del lugar empiezan a tratarlo con recelo. Sin lugar a dudas la mejor cinta de Decoteau, o al menos la única que logra disimular su condición de sub-producto de tres al cuarto gracias en mayor parte a un más que importante reparto: James Coburn, Dee Wallace, Ron Silver, Christopher Plummer… Y es que lograr un telefilm de sobremesa decente como este ya es todo un logro para el señor Decoteau.

La casa de las Brujas (1999). Elizabeth se reúne con un selecto grupo de amigos para celebrar una extraña fiesta. Al parecer, la chica es la descendiente de una malévola bruja llamada Lilith, quemada hace trescientos años. Ahora, Elizabeth tratará de lograr la resurrección de su antepasado y vengarse de aquellos que la llevaron a la hoguera. El siempre estimulante tema de la brujería completamente desaprovechado por Decoteau con un sin fín de lugares comunes, un único escenario (la mansión donde trascurre la fiesta) y ritmo más bien triste. Poco gore, efectos especiales mediocres, diálogos interminables (sobre todo teniendo en cuenta lo que dicen) pero de terror más bien poco.

Ancient Evil: El grito de la Momia (1999). Tiene todos los números para tratarse de la peor aparición cinematográfica de la Momia, lo cual ya tiene su mérito. Un chalet con apenas dos salas y un despacho que Decoteau quiere hacernos pasar por una facultad y su museo arqueológico, unos universitarios con pinta de no saber hacer una “O” con un canuto (la prueba es que incomprensiblemente se tiran toda la películas buscándose unos a otros en esos pocos escenarios mencionados), una interminable tormenta a base sólo de relampagueos azules y una momia fondona a la que parecen haber olvidado sacar las vísceras antes de su embalsamación. El desenlace merece estar en cualquier antología del más infecto cine de género.

La Hermandad (2000). El título con el que Decoteau comenzó su andadura en solitario, algo que, lejos de sentarle bien, lo inclinó todavía más a esa estética de film-directamente-para-video-clubs. La fraternidad más elitista de la universidad necesita sangre nueva. Un pequeño campus universitario se ha convertido en el hogar de una sociedad secreta ancestral. Poderosos y peligrosos, sus miembros han sacrificado sus almas por la suprema recompensa. Pero ahora la hermandad necesita a alguien fuerte, puro e inocente para ofrecer al clan un nuevo comienzo. El Pequeño campus me temo que es el mismo por donde se paseaba penosamente la momia del título anterior, los chicos en calzoncillos no son los mismos pero podrían haberlo sido, tanto da. La película debió de ser un éxito porque lleva ya rodada cinco secuelas (las dos últimas en 2009).

Instituto Sangriento (2001). Pues más de los mismo en Decoteau. Corey es un joven que acaba de llegar al instituto de un pequeño pueblo. En apariencia, parece un chico normal y agradable, pero bajo la superficie se esconde un oscuro pasado que le ha perseguido hasta su nuevo hogar. Este secreto sale a la luz cuando empiezan a ocurrir unos extraños sucesos en la nueva escuela: unas inexplicables muertes y la desaparición de algunos de sus compañeros. Sólo un pequeño grupo parece dispuesto a compartir con él la verdad de lo que pasa en la escuela, pero son asesinados uno por uno. Un título que, increíblemente, tuvo cierta popularidad en los videoclubs españoles. Hasta hay gente que la defiende.

Círculo de Terror (2004). Cuando un famoso grupo de pop se queda sin su líder deciden organizar un casting tipo “O.T” para seleccionar un nuevo candidato. Los finalistas escogidos son llevados a una remota isla donde pasaran la prueba final. Una vez allí, los aspirantes van desapareciendo misteriosamente a medida que son descartados. Una cinta que tiene cierta gracia y que toca el tema del vampirismo desde la óptica de lo cruel que puede resultar a un artista la brevedad de la fama. Impagable ver a este grupo de niñatos tipo “Back Street Boys”, que han vendido su alma al Diablo para prorrogar su éxito, en distintas épocas y con distintos looks a lo largo de su extensa trayectoria: los 50, 60, 80… Además aparece la otrora musa de Carpenter y Romero, Adrienne Barbeau. Lástima que para contarnos esto, Decoteau se empeñe en repetirnos 15 veces el mismo numerito musical; al final terminas por querer meterles la estaca por el mismísimo a estos niñatos bailarines.

Tráiler de Crepozoides

Su "mejor" película: Técnicamente, "Esqueletos" . Si hablamos de diversión psicotrónica desde luego "Crepozoides".
Su peor pesadilla: Todos a una: "El Grito de la Momia". Para realizar este engendro sin gracia nunca debería haber revuelto de su tumba a tan ilustre monstruo clásico.