Título Original: The White Gorilla. Director: Harry L. Fraser. Intérpretes: Ray Corrigan (Steve Collins / Konga, el gorila blanco/ Narrador), Lorraine Miller (Ruth Stacey), Charles King (Morgan), Francis Ford (Mr. Stacey), Budd Buster (Carter), George J. Lewis (Hutton). Duración: 62 minutos.Síntomas: El guía de una expedición llega a la cabaña de Morgan, en medio de la Jungla. Allí narra como todos sus compañeros han sido capturados por una tribu indígena mientras él ha tenido que vérselas con un furioso simio blanco.
Diagnóstico: Yo no sé a vosotros, pero a mí llega el verano y me dan unas ganas locas de ver gente correteando por la jungla en taparrabos, saltando de liana en liana y haciendo literalmente el mono. El verano lo tengo asociado yo a las películas de Tarzán y similares. Pero claro, este no es el lugar adecuado para comentar films tipo La Senda de los elefantes ,El Libro de la selva, Jungle Jim… a no ser que encontremos una película como la que nos ocupa, considerada, con toda la justicia del mundo, sin duda el punto más bajo de estas “Jungle Adventures”, el mayor despropósito de las explotaciones del “King Kong” de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. Y lo más curioso del caso es que son dos películas en una. Pero mejor vayamos por partes:
Imaginad que vuestro ritmo de trabajo es, no de una, sino de hasta seis películas al año. Claro, eso supone un coste, y además está el tiempo que hay que dedicar a esta frenética actividad. Que si conseguir financiación, que si escribir un guión, buscar a los actores y técnicos, localizaciones, etc, Todo eso lleva lo suyo, no creáis. Luego está el rodaje (omitimos ensayos, que visto en los parámetros en los que nos movemos no deben saber ni lo que es). Y para finalizar la post-producción: revelado, montaje, doblaje, recursos musicales, la promoción… Si quitamos una semanita de descanso entre peli y peli (para pensar en el siguiente engendro que vas a pergeñar) te quedan aproximadamente mes y medio para cada película. ¡Uf, tiempo de sobra!Así que coges una película que se rodó en 1927 (da igual que sea muda, mejor, así no hay que cambiar los diálogos) y dónde, mira qué casualidad, tú eras el guionista. Coges algunos documentales de la época, ruedas unas secuencias con unos pocos actores (cinco) en un decorado que simula una cabaña en la jungla y que te servirá de enlace entre imagen e imagen del film mudo y algún exterior en el jardín de detrás de tu casa con un tío vestido de gorila y ya está. Película nueva. El invento se llama "The White Gorilla".
Eso es, a grosso modo, el film que hoy nos ocupa. Pero pasemos a describir con mayor detalle este proceso, que no tiene desperdicio.La película de 1927 que se saquea en cuestión es “Perils of the Jungle” y se trata en realidad de un serial de aventuras compuesto por 10 episodios. Harry L. Fraser fue su guionista y ahora la utiliza para el 70% del metraje de su nueva producción. Para unir los “cachos” usa un 10% de insertos de documentales sobre fauna salvaje y crea el personaje de un guia de expedición que herido y exhausto llega a la taberna de Morgan, ubicada en mitad de la Jungla (desde luego el ojo comercial de este Morgan no tiene precio). Allí narra a los presentes (tres tipos y la hija de uno de ellos que tampoco sabemos muy bien que hacen allí), los acontecimientos que han hecho que llegara hasta ellos en tan lamentable estado. Y por medio los citados insertos que narran una estrafalaria aventura donde nuestros protagonistas (los del film mudo de 1927) intentan escapar de una peligrosa tribu y una manada de leones hambrientos. Pero claro esto entraña numerosos problemas a la hora de la narración.
Entonces el guía se inventa una serie de excusas a cada cual más jocosa del tipo de “los seguía a cierta distancia para no correr riesgos” o “fascinado por lo que acaba de contemplar, me quedé pegado al suelo”. Claro que eso no justifica cómo el guía es capaz de ver la acción que trascurre dentro de una cueva o en el interior de una cabaña cuando, claramente, observa siempre todo lo que narra escondido entre unos arbustos o subido a un árbol.A estas alturas del artículo, alguno ya se estará preguntando ¿y el gorila blanco? Pues poco que contar. El gorila es insertado en la trama con calzador (como todo lo demás, por cierto) y su única misión es aderezar un poco los fragmentos del guía, que entretanto que ejerce de continuo “voyeur” de la acción central, tiene que vérselas de vez en cuando con este primate de muy malas pulgas.

Este tío no pierde detalle en toda la película
En ese sentido decir que las pocas escenas del gorila, en el que incluso se enfrenta a otro enorme simio de color negro, son las partes más entretenidas del film y en muchos momentos recuerdan a las luchas que Godzilla protagonizará con otros monstruos unos años después en aquellos gloriosos “Kaiju Eiga” japoneses. El final de la cinta, a partir de que los exploradores que han escuchado la narración se disponen a rescatar a la otra expedición (la que pertenece al serial de 1927) alcanza tan grandes dotes de bizarrismo que es mejor que no os adelante nada. Básteme decir que el final es el mismo que corresponde al clásico tema de la Bella y la Bestia pero contado con inusitada torpeza: el primate siempre acaba perdiendo el pellejo ante la visión de unas faldas en unas secuencias finales impagables.
Esta peli es un gazapo:
Hablar de gazapos en un film como este carece de sentido. Su simple gestación es un puro gazapo. La narración se va embarullando cada vez más hasta extremos casi incomprensibles con tal de intentar explicar todo lo que está apareciendo en las imágenes del viejo serial y justificarlas con la presencia de ese guía que todo lo ve aunque nunca intervenga con los demás protagonistas. Resulta más que evidente qué las imágenes de la aventura pertenecen a un viejo film: la estética, los códigos de interpretación del cine mudo (mucho más exagerado para suplir las palabras), por no hablar de la simple cuestión técnica de velocidad de proyección que es de 16/18 fotogramas por segundo en el cine mudo (con el consabido movimiento precipitado que produce) y que choca evidentemente con los 24 f.p.s de las imágenes rodadas en 1945 hacen imposible la fusión de ambas tramas ni para el espíritu más cándido.
También es evidente que lo rodado de relleno se produce en unos exteriores que para nada simulan una jungla africana, sino un parque en las afueras del estudio. Paradójicamente en cambio, los trajes de gorila están más logrados de lo que se pudiera esperar en una producción de esta categoría y es obvio que en este apartado es donde más esfuerzos se vertió o simplemente conocían al tipo que los alquila y les hizo un buen precio, vete tú a saber.
narrador es el que interpreta al Gorila Blanco. Esto no tiene que extrañarnos si atendemos a que este especialista (más que intérprete) era el “gorila oficial de Hollywood” interpretando todo tipo de primates en más de una veintena de films y que debutó precisamente en la mítica “Tarzan the Ape Man”(1932), primer film de la saga protagonizada por el mítico Jhonny Weismuller. Su partenaire, Lorraine Miller, no era más que una chica jarrón de la serie B, sin ningún papel destacable en su filmografía y que aquí sale en el tercio final lo justo para que el Gorila se encapriche de ella y precipite el desenlace. Curioso no obstante que el padre de la chica estuviera interpretado por Francis Ford, hermano del gran John Ford y habitual presencia en los films de este.
enfrascado como estaba en ver como salían una y otra vez del entuerto de justificar cosas injustificables, cada vez de una manera más absurda y convirtiendo esta película en una experiencia francamente muy cercana al surrealismo. Aún así he de reconocer, como suele ser habitual en este blog, que el film solo podrá satisfacer a aquellos que, como un servidor, sean apasionados seguidores de los mayores niveles de estulticia y desfachatez que un cineasta pueda llegar a alcanzar con tal de ofrecer al espectador menos exigente carnaza. Algo que, como observamos por la reseña adjunta, ya era tan antiguo como la propia concepción de este maravilloso arte que es el cine. Abstenerse: Quien no tenga la más mínima curiosidad por estos remiendos de film.
Comprarla: Sólo en DVD de importación, junto a otra "perla" simiesca.
Enlace Emule: 1945 - El Gorila Blanco.avi












Y es que la enfermera-jefe Martina y el Dr. Specter ¡son la misma persona! Esa es la carta que se reserva el director y guionista como sorpresa final. Pero la caracterización a cargo tanto del actor como del departamento de maquillaje (si es que este existe) es tan penosa y ridícula, que no pueden disimular el aspecto de tío desde el primer segundo.


Chicas, sangre y sexo, constantes del bueno de Fred
















