sábado 21 de noviembre de 2009

RITOS, MAGIA NEGRA Y ORGÍAS SECRETAS EN EL s. XIV (Italia, 1973)

Título original: Riti, magie nere e segrete orge nel trecento. Director: Renato Polselli. Intérpretes: Mickey Hargitay (Jack Nelson), Rita Calderoni (Isabella/ Laureen), Raul Lovecchio (Ocultista), Christa Barrymore (Christa), Marcello Bonini Olas (Gerg), Gabriele Bentivoglio (Sacerdote), Stefania Fassio (Steffy), Consolata Moschera, William Darni, Max Dorian, Cristina Perrier. Duración: 93 minutos.

Síntomas: Una secta escondida en los pasadizos subterráneos de un siniestro castillo se dedica a realizar sacrificios humanos con el fin de resucitar a Isabella, una bruja quemada varios siglos antes y que, para más inri, resulta ser la amante del mismísimo Drácula. La materia prima de dichos ritos van a encontrarla en las muchachas de una extraña familia que habita el palacete.

Diagnóstico: Renato Polselli es un caso curioso dentro de la filmografía fantástica italiana que ha dado nombres ilustres (Bava, Argento, Freda…) junto a otros dedicados al cine más cochambroso y las explotaciones varias (Mattei, D´Amato, Fragasso…). Director culto e inteligente, licenciado en filosofía y admirador de Federico Fellini o Pietro Germi , Polselli pronto inclinará, no obstante, su ocupación al cine fantástico teniendo el honor de firmar la primera película de vampiros italiana: L'amante del vampiro, de 1960 (Los vampiros de Ricardo Freda en realidad no cuenta, ya que es un acercamiento al mito de la condesa Báthory más que un film de vampiros propiamente dicho). Pese a lo que se pudiera esperar, la sutileza no está demasiado presente en la filmografía de Polselli, repleta esta de explotaciones de trazo grueso, sexo y horror mezclados sin demasiada gracia, historias de tintes sadomasoquistas, todas ellas sangrientas y excesivas que en algún caso han derivado incluso hasta el porno puro y duro. Para conocer más a este extraño realizador recomiendo encarecidamente la entrevista que la revista Quatermass le dedica en su número especial sobre Cine fantástico Italiano apenas unos meses antes de su fallecimiento.

Centrándonos ya en el título que nos ocupa, Ritos, magia negra y orgías secretas en el s. XIV tiene su razón de ser en el estreno apenas un año antes de El Decamerón, donde Pasolini había puesto de moda en todo el mundo las historias eróticas con trasfondo medieval. Incluso en España se llegó a adaptar el que puede considerarse nuestro Decamerón particular con El libro de buen amor (1975). Fuera de ese afán oportunista, poco más justifica este extenso y documentalista título que poco tiene que ver con lo que después nos va a ofrecer ya que la acción transcurre en su 90% en la actualidad y las orgías secretas, muy a nuestro pesar, son más bien escasas.

A pesar de ello este film ocupa, con todo merecimiento, un punto álgido de la psicotronía en la filmografía fantástica transalpina. Su argumento es prácticamente inexistente y se limita a una sucesión de secuencias inconexas, actuaciones absurdas (me gustaría saber qué indicaciones se daban a los actores para poder basar sus reacciones) e imágenes oníricas bañadas de esa psicodelia tan cara a la década de los sesenta y que se extendería a lo largo de los setenta.

A favor he de decir que a fuerza de ser bombardeados por diversas imágenes surrealistas filtradas en los más diversos colores, es inevitable que algunas de ellas adquieran cierto poder de fascinación (esa bruja incorrupta, con el pecho abierto, que mantienen los acólitos frente al altar de los sacrificios, la escena de su ejecución que incluye un explícito empalamiento del corazón…). Otro punto de interés, al menos para el sector masculino, es la generosa proliferación de carne desnuda a cargo de voluptuosas jóvenes que se dedican a correr o gritar aterrorizadas sin que parezcan tener nunca un rumbo fijo. Todas ellas con escasa experiencia interpretativa aunque algunas colaboradoras habituales de Polselli, relación esta que nos recuerda familiarmente a la de Jesús Franco y sus Screen-girls. Y ya que menciono el reparto, destacar, como mera curiosidad el protagonismo del culturista húngaro Mickey Hargitay, que pasaría a la historia del cine más por haber estado casado con la exuberante Jayne Mansfield que por sus olvidables intervenciones cinematográficas.

Volviendo al film propiamente dicho, el propio Polselli lo definía así: “El film va acerca de la fascinación que el misterio ejerce en la gente común, cuyos ojos, en los momentos de terror, simplemente ven aquello que el miedo les sugiere”. Vamos, por lo que se deducen de sus palabras, la pretensión del realizador era lograr algo así como Buñuel con Un perro andaluz. El problema de Polselli es que no se parece en nada al genio de Calanda resultando su tosca escritura cinematográfica, su pobre puesta en escena, más propia de un producto coyuntural de la época, convirtiendo esa supuesta experiencia audiovisual surrealista y sugerente en un subproducto de difícil digestión que en ocasiones recuerda más bien a aquellas comedias eróticas italianas protagonizadas por Alvaro Vitali, popularizado en nuestro país por el nombre de Jaimito.
El resultado: uno de los films más voluntariamente bizarros que pasarán seguramente por los corredores de esta casa de locos, un monumento al más puro delirio psicotrónico, una auténtica rareza al fin, apta para estómagos más que curtidos y espectadores cuya paciencia esté a prueba de bombas.

Trailer del asunto

No puede perdérsela: El amante de la psicotronía sin cortapisas.
Abstenerse: Aquel que pretenda seguir una trama mínimamente coherente.
Venta: Como casi siempre, en Importación.
Enlace Emule (V.O con subtítulos): Ritos, Magia Negra y Orgías Secretas en el Siglo XIV [1973- R. Polselli VOSE][terrorfantastico.com] by Sito.avi

domingo 8 de noviembre de 2009

SNAKEWOMAN (España/ USA, 2005)

Director: Jesus Franco. Intérpretes: Carmen Montes (Snakewoman), Fata Morgana (Carla), Christie Levin (Alpha), Exequiel Caldas (Tony Garko), Lina Romay (Dra. Van Helsing), Antonio Mayans (Dr. Nostradamus), Nat Adzibor (Andros), Fabio Batistuta (Cabezón). Duración: 97 minutos.

Síntomas: Carla, una bella empleada de una productora cinematográfica alemana, es enviada al sur de Francia para contactar con los herederos de Oriana Balasz, una célebre cantante y artista de cabaret durante el III Reich, y negociar la compra de los derechos de sus films. Carla consigue averiguar el paradero de los herederos en una extraña mansión donde es recibida por una joven y enigmática mujer. Al mismo tiempo, cerca de allí, el doctor Nostradamus mantiene cautiva en su clínica privada a una joven y bella paciente llamada Alfa

Diagnóstico: Nunca ha sido más necesario en este blog leer una sinopsis para atender a un título que, de otro modo, sería prácticamente imposible de seguir. Jesús Franco es el “outsider” del cine fantástico español por antonomasia. El viejo tío Jess, como se le denomina cariñosamente, casi siempre ha hecho lo que le ha venido en gana y cuando no lo ha podido hacer se le ha notado el disgusto. No es cuestión aquí de hacer una reseña sobre su trayectoria y vida -para eso ya está la Wikipedia-, pero a través de este título si quisiera aprovechar para realizar unas breves reflexiones acerca de su modo de hacer y entender el cine.
Y es que nuestro último Goya honorífico dispone en su filmografía de dos vertientes bien diferenciadas. Una encorsetada por las necesidades de producción, atado en corto por el productor de turno que le obliga a mantenerse en los márgenes de un cine más o menos convencional, (si es que en Jesús Franco este término llega a tener sentido alguna vez). Es la etapa que normalmente prefiere el público de a pie y que ha dado títulos como El conde Drácula , Gritos en la noche, El muerto hace las maletas o la saga de Fu-manchú, pongamos por caso. Personalmente esta vertiente siempre me ha parecido menos interesante y mucho más aburrida. Sin su particular sentido caótico (disparatado diría yo) de entender el 7º arte, Jesús Franco se convierte en un realizador gris, mediocre, completamente impersonal más allá de su particular fauna de intérpretes (Kinski, Vernon, Romay, Mayans…) y sus insistentes y vertiginosos zooms.

En cambio tenemos la otra versión Franco, la del músico de Jazz que dirige cine (así se define él mismo), la del anarquista de las imágenes que emplea en sus composiciones fílmicas los mismos argumentos del free-jazz: invención espontánea, empleo herético del tempo y el ritmo, atonalidad en las escenas… Un batiburrillo en fin, que provoca el rechazo absoluto del espectador más convencional pero que sin duda ofrece algunos de los títulos más demenciales de la filmografía fantástica a nivel internacional: Drácula contra Frankenstein, Una virgen en casa de los muertos vivientes, Les avaleuses o Las Vampiras están lejos de ser películas redondas pero todas ellas ofrecen un recital de imágenes insólitas, una onírica revisión de los lugares comunes del género que hacen que la indiferencia no pueda surgir entre las controvertidas sensaciones que provocan. Admito que este Franco me fascina ya no, como digo, por sus virtudes propiamente cinematográficas (que suelen ser escasas) sino por el aire de libertad que destilan estas obras, por ese descarado atrevimiento que Franco demuestra en cada nuevo trabajo.

Snakewoman, qué duda cabe, se adscribe a esta última corriente. Última porque supone prácticamente el postrero título hasta el momento. Última porque es la corriente que ha venido a alimentar ya desde mediados de los 80 en producciones grabadas directamente en video, un formato que, desde luego, si alguien iba a recibir con los brazos abiertos era el viejo tío Jess por ese plus de libertad y democratización que del medio a supuesto para cualquier cineasta vocacional. ¿Quién, de todos aquellos que alguna vez han tenido la inquietud de realizar una película ha resistido la tentación de ponerse tras su cámara de video casera para intentar emular a los grandes cineastas del género?
Snakewoman salta a la vista desde el minuto uno que está rodada a la manera del Jesús Franco genuino: poco (nulo, de hecho) presupuesto, guión mínimo que va improvisando a medida que va enlazando escenas, plan de rodaje vertiginoso que impide cuidar el detalle o ensayar con los actores y realización igualmente improvisada, que inventa a medida que se le van ocurriendo las ideas. Incluso algunos personajes secundarios de la historia son improvisadamente interpretados por parte del equipo técnico en esa concepción unitaria (casi de comuna) que Franco ha tenido siempre de un equipo de rodaje. Así es el tío Jess, para bien o para mal.

El problema aquí, como en todas las producciones inmediatamente anteriores a la que nos ocupa, es que la capacidad de abstracción –y por tanto de fascinación- del video es notablemente inferior a la del celuloide. El efecto hipnótico de su anárquica realización se diluye ante el nulo poder evocador de las imágenes de video, desnudando completamente el artificio de su realizador para comprobar que bajo el vestido no hay nada. Así, resulta paradójico que el medio que de manera tan entusiasta adoptó el viejo tío Jess haya descubierto de la manera más cruda las vergüenzas de su cine. Su absoluto desprecio a los medios técnicos hacen que la fotografía sea más de video que nunca a pesar de estar realizada en Alta definición; el departamento de sonido directamente no existe, alternando escenas con el sonido directo de la cámara de difícil comprensión con otras toscamente dobladas que resultan todavía más ridículas en su absoluto amateurismo. Como una imagen vale más que mil palabras, adjunto más abajo fragmento seleccionado del film en cuestión. Especialmente hilarante suponen los gruñidos que la vampira lanza en sus ataques. Unas escenas que unidas a la estética de esta "snakewoman" (desnuda, con un tatuaje de serpiente y una capa tipo drácula como única prenda) no pueden quedar más bizarras, por no decir directamente grotescas.

Tampoco puede contar ya con el talento de Howard Vernon o Klaus Kinski, con la arrebatadora belleza de Soledad Miranda, ni siquiera con la rotunda presencia de una joven Lina Romay. Y esto el cine de Franco también lo ha acusado en los últimos años. En Snakewoman es cierto que se arropa con colaboradores habituales: Fata Morgana, Antonio Mayans, Christien Levin e incluso su compañera y musa Lina Romay cuya belleza no ha aguantado demasiado bien el paso del tiempo (y que por cierto no se desnuda en todo el metraje, esa ya es noticia en sí). Todos ellos están horrorosos. Sí, el video también resulta especialmente cruel para desvelar las limitaciones en el trabajo de unos intérpretes que aquí apenas pueden disimular el hecho de que están prácticamente improvisando sus diálogos a medida que la ¿trama? avanza.

El argumento no es sino una variación del Drácula de Stoker llevado al sin sentido más absoluto, un mero pretexto argumental para ofrecernos una serie de larguísimas escenas lésbicas cercanas al hard pero sin demasiada gracia. Rodada en Málaga, en apenas un par de localizaciones y con un guión improvisado, como ya digo, Snakewoman es uno de los últimos ejemplos del cine de este espíritu libre, este aventurero de la cámara que hoy día, y con un par, se dedica a hacer lo que le sale de las narices. Desde aquí mi más profundo respeto.

El Dr. Nostradamus y su Rendfield particular

No puede perdérsela: El nostálgico de aquellas películas de temática vampiro-lésbicas. El muy (pero que muy) amante del cine de Jesús Franco.
Abstenerse: El 99,999999999999999% de la población. Y a lo mejor me estoy dejando a alguien.
Venta: Sólo en Importación.

sábado 31 de octubre de 2009

MACARIO (México, 1960)

Director: Roberto Gavaldón. Intérpretes: Ignacio López Tarso (Macario), Pina Pellicer (Mujer de Macario), Enrique Lucero (Muerte), Mario Alberto Rodríguez (Don Ramiro), José Gálvez (El Diablo), José Luis Jiménez (Dios), Eduardo Fajardo (Virrey) y con Consuelo Frank, José Dupeyrón, Celia Tejeda, Pepé y sus Marionetas. Duración: 90 minutos.

Síntomas: Macario, un humilde aldeano que tiene esposa y varios hijos, se dedica a vender leña en el pueblo. Harto de una vida de privaciones y apuros, manifiesta que su mayor anhelo es poder comerse él solo un guajolote (pavo), sin tener que compartirlo con nadie. Su esposa, confidente de tan profundo deseo, un día roba uno de la casa de una familia rica donde realiza labores domésticas. Cuando Macario se dispone a comérselo, Dios, el Diablo y la Muerte se le aparecen para pedirle que lo comparta. Al final decide compartirlo con la Muerte y este a cambio le hará un regalo tan espléndido como peligroso.

Diagnóstico:
“EL DÍA DE MUERTOS se celebra en México de una manera singular debido a que el mexicano tiene arraigado un sentido muy peculiar de la muerte.
Hace juguetes en forma de esqueletos, pan de muertos, calaveras de azúcar o de chocolate.
En este día colocan en sus casas ofrendas de flores y alimentos para que sus deudas coman y beban.
El culto a los muertos data entre los indígenas de México, de ocho mil años, pero durante los siglos XVI y XVII sus costumbres y creencias se mezclaron con las del Cristianismo por lo que sus ritos y prácticas son hasta nuestros días una combinación de las dos culturas”.

Con este texto comienza uno de los títulos más fascinantes de la filmografía fantástica en general y de la mexicana en particular. Como ya avisé en mi última entrada, esta vez iba a postear un film muy apropiado para la fecha que se nos acerca pero alejada de los usos y costumbres globalizadores de los norteamericanos.

Macario trata el tema de la muerte de una forma que pocos títulos lo han hecho, con un profundo sentido fatalista que sólo Bergman había sido capaz de plantear con esa precisión. La primera vez que vemos este film no podemos sino rendirnos a la refinada calidad de sus imágenes, su impecable manejo de la cámara y esa ambientación tenebrista, repleta de personajes singulares.

Uno de los grandes aciertos de la cinta estiba en que, a pesar de estar ambientada supuestamente en el periodo del virreinato, Gabaldón dota a todo el relato de un ambiente como de cuento de hadas, subrayando de este modo la intemporalidad de todo el relato y sumergiéndonos en una historia que asalta nuestro sentido de lo eterno, lo telúrico, lo ancestral. De este modo, pese a su fuerte recreación localista, Macario se transforma en un cuento universal, en un personaje metáfora de la eventualidad de nuestra presencia en este mundo y la incertidumbre que todos sentimos cuando pensamos en el momento en que la Parca reclamará nuestra presencia. En un momento determinado, un personaje le dice a Macario: “Cuando nacemos ya tenemos la muerte escondida en el hígado, o en el estómago, o acá en el corazón, que algún día se va a parar. También puede estar fuera, sentada en algún árbol que todavía no crece pero que se va a caer encima cuando seas viejo.”

Falsamente tomado como una leyenda mexicana, Macario se basa en realidad en un relato corto de Bruno Traven, sí, el mismo que escribió otra gran historia ambientada en México: El tesoro de Sierra Madre. Pero Macario también es Rulfo en la descripción de la desolación, del dolor, del estrecho vínculo con la soledad y, por supuesto, con la Muerte (resulta cuando menos curioso que Juan Rulfo también tenga un relato titulado Macario, sin ninguna relación con el que ahora nos ocupa.)
Hipnótica desde las primeras imágenes que nos enganchan hasta el final, destaca sobre todos los elementos la soberbia fotografía del gran Gabriel Figueroa. ¿Cómo olvidar sus trabajos para Buñuel (Los olvidados, El ángel exterminador) o John Huston (Bajo el volcán, La noche de la iguana). Aquí su trabajo es perfecto, cobra entidad propia y nos revela a través de claroscuros un México sombrío, tenebroso pero decididamente fascinante.

La película tras su estreno fue criticada por un exceso de preciosismo y artificialidad, por resultar demasiado “académica” y fría, lo cual contribuyó a su inmediato desprestigio. Algo que sorprendería si no fuera porque otra obra maestra como La Noche del Cazador (1955) fue criticada exactamente con los mismos argumentos y hoy ha sido suficientemente reivindicada, poniendo en evidencia la envidia de algunos críticos de la época. A pesar de esas críticas, Macario logró ser la primera película mexicana nominada al óscar, algo inédito en un film de corte fantástico, aunque tuvo pocas oportunidades frente a “El manantial de la doncella ”.

Otro de los aspectos a destacar de este gran film es la interpretación. Ignacio López de Tarso es uno de los grandes histriones del cine mexicano y con Macario realiza una gran composición. Con un sólo plano, López de Tarso es capaz de hacernos comprender su impotencia por no poder calmar nunca esa hambre atroz que sienten los pobres y su tremendo remordimiento al pensar en su necesidad antes que en la de sus hijos. Junto a él la bella actriz mexicana Pina Pellicer interpreta a su joven esposa dotándola de una peculiar vulnerabilidad expresiva pero sin convertirla en la típica compañera sumisa sino en un personaje activo en la trama que no duda en robar un pavo para que su marido pueda cumplir el capricho de comerse uno entero él solo. Cuando, tras darle el ave, la mujer dice a Macario que ella también ha deseado algo que no quisiera compartir con nadie, el hombre se libera del sentimiento de culpa que le ha impedido actuar con egoísmo. A partir de ese momento, la complicidad entre la pareja es total: “Pero vete pronto” -le dice ella- “porque si los niños lo ven van a pedir ¿o no?”.

La historia de Pina Pellicer merece un alto en el camino. Autentica niña prodigio del teatro en su país natal y dotada de un físico menudo que la alejaba de las voluptuosas formas de otras divas mexicanas Pina fue escogida en un casting por el mismísimo Stanley Kubrick para interpretar a Luisa, la hijastra de Karl Malden y amante de Marlon Brando en El rostro impenetrable , film que terminaría por dirigir el propio Brando. A raíz de ese trabajo muchos la califican como la nueva Audrey Hepburn del cine, gana la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y rueda Macario… Participa en un episodio de la serie “Alfred Hitchcock presenta” (curiosamente una especie de remake de la misma Macario) e incluso trabaja en una olvidable cinta de Rafael Gil en nuestro país. Pero como si de uno de sus personajes atormentados se tratara, Pina decidió privarnos de su dulce presencia suicidándose en 1964. También a ella, la Muerte la estaba esperando inesperadamente en forma de depresión con apenas 30 años de edad.

Junto a ellos Enrique Lucero tiene el honor de ser junto a Bernhard Goetzke en Las tres luces y Bengt Ekerot en El séptimo sello , una de las tres Muertes más impresionantes de la historia del cine. Sus encuentros con Macario son inolvidables y no están exentos de un fino humor negro. Para muestra el video de abajo. En el resto del reparto podemos destacar a nuestro gran Eduardo Fajardo interpretando al virrey en uno de esos antipáticos papeles que él sabe bordar tan bien.

Se podrían destacar innumerables escenas para el recuerdo pero decididamente me quedo con una, al final, cuando Macario entra a una gruta, la casa de la Muerte, llena de velas, donde cada una es una vida humana que se apaga a voluntad de la Muerte. Macario roba la suya propia, en un intento de salvarse de su deceso inminente. Una escena dotada de una atmósfera de cuento de horror de una belleza subyugante.
En definitiva, una obra macabra, extraña, inolvidable al fin. Una película que el tiempo va poniendo poco a poco en su sitio y ganando más y más adeptos. Que ustedes la disfruten.

video

Macario y su encuentro con la Muerte

No puede perdérsela:
El que quiera disfrutar de una de las apariciones de la muerte más imborrables de la historia del cine.
Abstenerse: Vosotros mismos.
Compra: Sólo en importación.
Enlace Emule: Macario.Mèxico.1960.avi

sábado 24 de octubre de 2009

THRILLER, A CRUEL PICTURE (Suecia, 1974)

Título Original: Thriller - en grym film. Director: Bo Arne Vibenius. Intérpretes: Christina Lindberg (Madeleine), Heinz Hopf (Tony), Despina Tomazani (Cliente lesbiana), Per-Axel Arosenius (Padre de Madeleine), Solveig Andersson (Sally), Marie-Louise Mannervall (Vecina), Hildur Lindberg (Madre de Madeleine), Pamela Pethö-Galantai (Madeleine niña), Björn Kristiansson, Stig Lokrantz, Olle Nordlander. Duración: 106 minutos.

Síntomas: Madeleine es una adolescente que quedó muda de niña tras sufrir la traumática violación de un anciano. Desde entonces lleva una vida apacible en la granja de sus progenitores. Un buen día, tras perder el autobús que la tiene que llevar al pueblo, decide subir en el coche de un desconocido. Este resulta ser un traficante de blancas que la secuestra y la hace adicta a la heroína con el fin de convertirla en una esclava sexual. Poco a poco la rabia contenida de Madeleine irá transformándose en unos ardientes deseos de venganza.

Diagnóstico: Antes de entrar a saco con el análisis del film prefiero quitarme de encima algunos lugares comunes mencionados en todas y cada una de las reseñas que a propósito de esta película pululan por ahí. Sí, Thriller, a cruel picture, cuyo título en España (sólo vista en unas pocas salas de arte y ensayo) fue el de "Desenlace mortal", fue uno de los claros referentes del Sr. Tarantino (cinéfago donde los haya) para realizar su díptico de Kill Bill. Concretamente en lo referente al personaje de Daryl Hannah , ese ángel de la muerte ciclópeo que cambiaba el modelo de parche según su fondo de armario. Evidentemente, también el tema de la venganza está presente en ambas películas; y poco más.
La otra cuestión que se suele afirmar acerca del film es que fue el primero prohibido por la censura en la extra-liberal Suecia. Este argumento hay que ponerlo ya en cuarentena, máxime cuando suena más bien a truco promocional. En realidad, lo más probable, es que se estrenara en una doble versión, una de ellas sin los insertos harcore añadidos por la productora que añaden más bien poco a la esquemática trama. Efectivamente, a lo largo de las humillaciones que nuestra protagonista sufre, podemos contemplar explícitos insertos de penetraciones reales sin duda rodadas por actores porno para la ocasión. Pero este es un recurso muy empleado en determinadas películas. Por poner un ejemplo podríamos recordar los insertos pornográficos que Von Trier añade en la escena de la orgía de su magnífica “Los idiotas ” (1998).

Hannah-Lindberg, dos ángeles exterminadores de armas tomar

Dicho todo esto y entrando ya en materia, señalar que la premisa de Thriller… es mucho más simple que la de la mayoría de eurocrímenes y demás explotaciones rodadas por aquel tiempo en la vieja Europa. Una joven, victima de abusos y humillaciones varias, espera con paciencia el momento de poder vengarse de todos sus verdugos. El desarrollo del film se lleva a cabo con un ritmo pausado pero cadente, como una pieza musical que avanza sin prisas, deleitándose en cada secuencia, plano a plano. Su director, Bo Vibenios se toma su tiempo para narrar una historia llana, de extrema sencillez. Quizá consciente de ello, el realizador hace énfasis en otros aspectos a saber: su composición formal y el singular tratamiento del encuadre donde adivinamos inmediatamente la influencia de Ingmar Bergman, no en vano Vibenius fue su asistente en dos de sus obras maestras: Persona (1966) y La hora del lobo (1968).

Pero no es sólo ahí donde vislumbramos la larga sombra del maestro sueco. El tratamiento de los personajes es muy similar al de las obras más intimistas del autor de “El Séptimo sello”. Así, a pesar de lo extremo de la situación de nuestra protagonista, los sentimientos rara vez se exteriorizan, siempre se intuyen en el subtexto, creando –ante la frialdad generalizada de la obra- un profundo desasosiego en el espectador. El resultado es un film extraño y enfermizo, que recuerda a otro gran título, “Quiero la cabeza de Alfredo García” de Sam Peckinpah, sobre todo en lo relativo a su ambiente sórdido y sus contadas explosiones de violencia, rodadas todas ellas en slow-motion, que dotan a todo el conjunto de una enfermiza atmósfera de pesadilla.

Los momentos de acción y violencia son escasos y rodados siempre de un modo poco enfático. Madeleine se “cepilla” a sus captores a escopetazo limpio y únicamente la escena en la que su proxeneta le vacía la cuenca del ojo merece quedar en nuestra retina, si se me permite la crueldad de la expresión. No en vano, la secuencia parece ser que fue rodada en una morgue, con el cadáver auténtico de una joven que acababa de suicidarse, dejando para otros el debate ético de si es pertinente llegar a ciertos extremos para alcanzar el realismo que sin duda logra la secuencia en cuestión.
Y sin embargo, lo escalofriante de la cinta es precisamente la extrema naturalidad con que se presentan todos y cada uno de los hechos, mostrando un claro tono semi-documental. Nuestra protagonista realiza su venganza sin inmutarse lo más mínimo, sin detenerse ante nadie o nada y sin intentar siquiera disimular sus crímenes. Ese desgarrado nihilismo que muestra Madeleine –y por extensión todo el film- produce una sensación de tristeza y conmiseración hacia la joven, consciente el espectador de que esta se encamina hacia un callejón sin salida.

Mención aparte precisamente merece la actriz protagonista, la sueca Christina Lindberg que se erige en el principal centro de interés del film. Un gran acierto de casting ya que la actriz, pese a contar con ventitantos años en el momento del rodaje, resulta absolutamente creíble en el rol merced a su rostro aniñado y un cuerpo menudo que, por cierto, no duda en mostrarnos con todo su esplendor. No en vano, Lindberg tuvo una exitosa carrera como modelo y actriz erótica siendo una de las principales musas de todo erotómano que se preciara durante los años 70-80. Aquí además, la Lindberg realiza un gran trabajo interpretativo basado en la contención; Madeleine está interiormente muerta, sus sentimientos cauterizados. Ya no siente dolor, ni compasión. Un ser así resulta prácticamente invencible, no se le puede doblegar ni conmover y en ese sentido la interpretación de la actriz logra dar a su personaje una entidad casi épica.

El clímax final de la cinta, el esperado duelo final entre Madelanie y su mayor antagonista, Tony, se produce en un descampado solitario; una secuencia planificada como si de un spaghetti-western se tratara donde la influencia de Sergio Leone se hace patente enseguida. El final, tan desvestido de emoción y esperanza como el resto del metraje, nos deja un sabor amargo, como la historia que cuenta. Un film, en definitiva, seco, desencantado, con una fuerte carga nihilista, sin margen para la complacencia del espectador. No es la obra maestra que algunos afirman, pero sí, desde luego, un film a tener en cuenta al margen de posteriores influencias e imitaciones.

Trailer del film

No puede perdérsela: El amante de toda explotación con ángeles vengadores. El que quiera disfrutar con el morboso físico de la Lindberg.
Abstenerse: El que pretenda ver un festival de explosiones, luchas y persecuciones. No van por ahí los tiros.
Compra: Sólo en Importación , eso sí, con interesantes y jugosos extras.
Enlace Emule: B Movies Cult - Thriller A Cruel Picture (1974)(Christina Lindberg).avi
Subtítulos en castellano: Thriller A Cruel Picture -ESP-.srt

viernes 9 de octubre de 2009

MUSARAÑAS ASESINAS (USA, 1959)

Título original: The Killer Shrews. Director: Ray Kellogg. Intérpretes: James Best (Thorne Sherman), Ingrid Goude (Ann Craigis), Ken Curtis (Jerry Farrell), Gordon McLendon (Dr. Baines), Baruch Lumet (Dr. Craigis), Judge Henry Dupree (Griswold), Alfredo DeSoto (Mario).
Duración: 68 minutos.

Síntomas: Un grupo de personas quedan atrapadas en una isla a causa de un huracán. En el lugar se halla un científico que trata de encontrar una solución al problema de la superpoblación intentando reducir el tamaño de los humanos. Para lograrlo, el doctor basa sus experimentos en el estudio de las diminutas musarañas. Pero algo sale mal...


Diagnóstico: Una de las subtramas más recurrentes dentro del género fantástico, es aquella en la que las criaturitas del señor se rebelan contra el rey de la creación, (osease nosotros) y ponen en serio peligro la existencia humana. Dentro de este subgénero todavía podemos distinguir dos variantes bien diferenciadas. Por un lado, aquellos donde el animal en cuestión suele tener ya de por sí muy malas pulgas y por cuestiones naturales o artificiales algo (un aumento de tamaño, la invasión en un habitat seguro para el hombre, etc) les convierte en una amenaza todavía más peligrosa. Tiburones, cocodrilos, arañas y demás seres poco recomendables pertenecen a esta nómina y muchos títulos de este tipo están bien presentes en la memoria colectiva.

Pero hay una segunda vertiente que si cabe todavía está más adscrita a la serie b y que corresponde a aquellos animalitos, por lo general inocuos para el hombre y que debido a la intervención humana (experimentos, contaminación…) alteran sus pacíficas costumbres para ver al ser humano como plato favorito de su menú. Qué duda cabe que esta última corriente suele dar títulos más divertidos y, de entrada, más delirantes. Así hemos llegado a ver ovejas asesinas (Ovejas asesinas), conejos gigantescos (Night of the Lepus), cerdos antropófagos (Daddy's Deadly Darling), vacas infernales (Zadar! Cow from Hell) o ranas amenazantes (Frogs). Pero jamás pensé que cuando de pequeñito me repetían una y otra vez "siempre estás pensando en las musarañas", estos diminutos animalitos podían convertirse en objeto de pesadilla.

Musarañas Asesinas es un estimable film cutre aunque esto resulte paradójico. Y es un film un punto por encima de lo que suelen ser estas bizarradas por una cuestión de pequeños detalles normalmente inexistentes en un tipo de producción así.
En primer lugar parte de un supuesto científico real: la musaraña tiene el honor de figurar como el mamífero más pequeño existente (mide entre 7 y 12 cm y su peso va de los 5 a los 15 g.) aparte de otras curiosas características: necesitan estar engullendo continuamente. Son capaces de comer su propio peso en insectos a diario y no pueden estar más de cuatro horas sin ingerir alimento. Su reproducción es rápida debido a su breve periodo de gestación: menos de 30 días. Además algunas especies tienen una saliva altamente venenosa. Todos estos detalles son descritos perfectamente en el film que juega con la siguiente premisa: ¿qué pasaría si un animal de estas características, merced al fallo de un experimento, desarrolla su tamaño hasta el de un lobo adulto?

Partiendo de la base que se trata de un film de bajo, bajísimo, presupuesto, lo demás es lo habitual dentro de la serie b (rozando la z): actores discretos (salvo James Best que desarrolló una febril actividad televisiva), tosquedad narrativa (el asunto sentimental está bastante pillado por los pelos), incongruencias argumentales (el protagonista, una vez que es consciente del peligro que encierra la isla ni se plantea avisar a su compañero que se ha quedado amarrando el bote), pobres efectos especiales (las musarañas son en los planos generales unos perros con peluca, en los planos cortos unas marionetas de pelo). Y no obstante, como ya he adelantado anteriormente, ciertos detalles la salvan del desastre total y la convierten en una simpática diversión. Así, por ejemplo, se agradece el hecho de que el director, sabiamente, dosifique los primeros planos de las criaturas, limitándose en la mayoría de los casos a planos entre los huecos de las tablas que forman la cerca, donde apenas se intuyen unos ojos amenazantes y los afilados colmillos acompañados de unos inquietantes chillidos . Determinadas escenas destilan una gran violencia y los 20 minutos finales son absolutamente trepidantes, cuando los pocos supervivientes son acosados por las musarañas que intentan entrar en la casa horadando las paredes de la misma. Una escena que nos remite en ocasiones a Los pájaros, rodada unos pocos años después. Por otro lado, la solución a la que tienen que recurrir los pocos protagonistas supervivientes para poder escapar de los bichos resulta, de tan descabellada, ciertamente ingeniosa y hasta divertida.

Su director, el tal Ray Kellogg tenía un amplio curículum como responsable de los efectos especiales en títulos tan importantes como “Niágara” o “El hundimiento del Titanic”, aunque aquí se hace patente que era su debut como máximo responsable, ya que si bien evita la presencia directa de los monstruos en pantalla (consciente de la pobreza de los efectos) su realización se muestra demasiado morosa (esa torpeza se hace patente sobre todo en las escenas de diálogo). Posteriormente repetiría con la dirección en algunos títulos más e incluso John Wayne le eligió para co-dirigir junto a él la reaccionaria “Boinas verdes ”.
Sorprendentemente Musarañas asesinas figura habitualmente en las listas de las 50 películas peores de la historia, un puesto inmerecido ya que el film, sin ser bueno, es mucho más entrañable y honesto que infinitos títulos algunos de ellos incluso con mucha mejor fama entre los aficionados. Evidentemente, estas listas a veces suelen estar realizadas por gente poco curtida en el consumo de cine de baja estofa (sí, aquellos mismos que todavía hoy afirman que "Plan 9..." es la peor película de la historia). Estoy seguro que, con la adecuada compañía y unas cervezas, el rato de diversión está asegurado.

El Terrorifico tráiler de las Musarañas

No puede perdérsela: El fan de las películas con amenazas animales.
Abstenerse: El que no guste de los films b de los años 50.
Compra: Interesante edición en DVD con algún jugoso extra.
Enlace Emule en V.O con subtítulos: 1959 The Killer Shrews.avi

jueves 24 de septiembre de 2009

THE OILY MANIAC (Hong Kong, 1976)

Dirección: Meng Hua Ho. Intérpretes: Danny Lee, Lily Li, Ping Chen, Feng Ku, Chiu Lee, Chien Yu, Hsieh Wang, Corey Yuen, Alan Chui Chung San. Duración: 83 minutos.
Síntomas: El humilde dueño de una fábrica de aceites es condenado a muerte tras matar accidentalmente a un joven en una reyerta con unos mafiosos que pretendían robarle el negocio. Antes de ser ejecutado, le muestra a su sobrino enfermo de polio un tatuaje que tiene en la espalda. El tatuaje es nada más y nada menos que un conjuro para convertirse en un monstruo de gasolina con poderes especiales. Eso sí, los poderes obtenidos sólo deberán ser empleados para reparar injusticias.

Diagnóstico: Los Shaw Brothers y su productora -cuyo famoso logotipo recuerda sospechosamente a la de la Warner Bros- pueden considerarse el equivalente de la AIP de Nicholson y Arkoff en América o de la Hammer británica. De hecho, en plena decadencia de ambas productoras, la Shaw Brothers y la Hammer unieron sus fuerzas para realizar un híbrido de sus productos en la entrañable “Kung Fu contra los siete vampiros de oro”.
A los Shaw Bros, como digo, debemos decenas y decenas de míticos títulos de Artes Marciales que los aficionados al género seguro que recordarán. No obstante, a mediados de los 70 la fórmula empezaba a agotarse, como todo en esta vida, y se vieron obligados a abrir nuevos horizontes. El género fantástico parecía la mejor opción y se pusieron manos a la obra. Aparte del título ya citado en co-producción con la Hammer, producirían "Black Magic", delirante muestra de horror japonés orquestado por el gran Meng Hua Ho (recientemente fallecido). El invento funcionó e inmediatamente decidieron repetir con idéntico equipo artístico y técnico en el título que ahora nos ocupa.
Oily Maniac es un héroe que bebe, de diversas fuentes: por un lado el increíble Hulk (el héroe, en su transformación adquiere una fuerza y agilidad sobre humanas pero también una incapacidad para dominar su ira), por otro la Cosa del pantano (en la gestación del monstruo-héroe con un trágico trasfondo sentimental) e incluso del Vengador tóxico, no en vano el “maniaco grasiento” , como lo bautiza la policía en el film, necesita sumergirse completamente en la grasa y la mugre para hacer efectiva su transformación.

Oily Maniac no es una buena película, desde luego, pero resulta sumamente entretenida, agradeciéndose en todo momento su honestidad e inmediatez. Por medio de brutales elipsis (que a veces incluso pueden producir cierto desconcierto en el espectador menos atento), a los cinco minutos de metraje estamos ya inmersos en la trama: una simple historia de injusticia con héroe vengador de por medio. La trama, como digo, es directa; los personajes de una pieza: los villanos son malos de opereta (sí, de esos que se ríen mientras hacen alarde de su maldad); los buenos resultan ñoños incluso para una serie de Michael Landon. El espectáculo resulta ideal para una divertida velada merced a esa acción trepidante y a sus jocosos pero decididamente entrañables efectos especiales que transforman al monstruo bien en una mancha de aceite, bien en un ser recubierto de carburante más parecido a un (con perdón de los presentes) gigantesco excremento con extremidades, que pega unos brincos impresionantes, gruñe igualito que Godzilla y se hace acompañar con la banda sonora de “Jaws” en un copy-paste descarado. Por supuesto, las armas convencionales y los golpes son totalmente ineficaces contra este aceitoso ser aunque, como ocurre siempre con este tipo de personajes, también tiene su "kryptonita" particular que aquí resulta ser el fuego, claro (cualquier desengrasante al uso también hubiera servido aunque parece que no se le ocurrió al guionista).
El ataque del Sr. Mojón

Pero el film también tiene sus carencias. Especialmente sorprende la total inexistencia de gore y de humor. La sangre brilla por su ausencia y la indudable capacidad de hacer reír que tiene la película viene dada más por cuestiones involuntarias, referentes a la ingenuidad de situaciones y diálogos y a unos efectos especiales de traca, que a un tono paródico deliberadamente buscado y desarrollado y que tan bien le hubiera venido al film. El guión, por su parte y pese a la simpleza de la trama, resulta en ocasiones confuso y enrevesado además de mostrar una acentuada misoginia que rezuma por todo el metraje, donde las mujeres solo aparecen en la trama como origen de todos los males. El responsable del guión, Lam Chua, había trabajado en labores de producción en diversos films (fue Jefe de producción precisamente en la citada “Kung-fu contra los siete vampiros de oro”) y este fue, a la postre su primer y único libreto que firmó, dejando constancia del poco oficio que tenía en estos menesteres.

Del elenco poco que destacar salvo señalar al protagonista, el habitual héroe de artes marciales Danny Lee al que ya mencionamos en este blog a propósito de Inframan , y la belleza de actrices como Lily Lin (Los Vengadores de Shaolin) o Ping Chen (The Sexy killers).
En resumidas cuentas un cutre-film de lo más recomendable, que nos regala a uno de los héroes vengadores más bizarros de la historia del cine. Ahí es nada.

Tráiler de la bizarrada en cuestión
Por qué hay que verla:
- Por lo directo de la trama; no hay lugar para el aburrimiento.
- Los imposibles ataques del monstruo. Verlo brincar, moverse o transformarse en mancha deslizante supone un espectáculo de lo más divertido.
- Los abundantes toques “nudies” de su bellas actrices.
Cómo comprarla: Por supuesto, sólo en Importación
Enlace Emule (en V.O subtítulada en Castellano): Oily.Maniac.(VO.Sub.Esp).1976.[Montaje-Cratosxp].avi

miércoles 2 de septiembre de 2009

YO MATÉ A EINSTEIN, CABALLEROS (Checoslovaquia, 1970)

Título Original: Zabil jsem Einsteina, panove. Intérpretes: Jirí Sovák (Profesor David Moore), Jana Brejchová (Gwen), Lubomír Lipský (Profesor Frank Pech), Jan Libícek (Smith), Iva Janzurová (Betsy), Petr Cepek (Albert Einstein), Radoslav Brzobohatý (Robert), Josef Hlinomaz (Jefe de Policía), Svatopluk Benes (Giacometti), Jarmila Gerlová (Swansonová). Duración: 94 minutos.

Síntomas: En un futuro próximo un grupo terrorista provoca un accidente nuclear. La espantosa consecuencia de la radiación supone que a todas las mujeres… les crece la barba. Científicos y gobernantes se unen para hallar una solución al problema pero todo esfuerzo parece inútil. El prestigioso profesor Moore parece haber encontrado la solución, ha ideado una máquina del tiempo. Con ella piensa trasladarse hasta 1911 y asesinar a Einstein antes que este descubra la teoría de la relatividad. De este modo conseguirá abortar el peligro nuclear y evitar cualquier atentado. Pero una vez en el pasado la misión no va a ser tan sencilla como en un principio parecía.

Diagnóstico: A tenor del artículo anterior, seguimos a vueltas con los viajes del tiempo. El mundo del cine ha producido un sin fín de títulos que juegan con esta posibilidad. Muchos de esos títulos se encargan de narrarnos la aventura que supone viajar hacia un futuro desconocido e intentar fabular cómo será la sociedad y el ser humano 100, 1000, un millón de años por delante, generalmente con resultados poco optimistas.
No obstante, me resultan especialmente interesantes aquellos otros títulos que juegan en sentido contrario, esto es, los viajes a un tiempo pasado para intentar cambiar una realidad del presente. La paradoja temporal, los futuros alternativos, el efecto mariposa son elementos que tratados con el adecuado ingenio y una pequeña dosis de lógica temporal puede dar productos ciertamente fascinantes. Sin duda dos de los ejemplos más populares son los que trata la saga Terminator y especialmente la genial Regreso al Futuro (1985), cuyos logros son en parte trivializados en sus dos prescindibles secuelas.
Pues bien, Yo maté a Einstein, Caballeros, se adscribe a esta corriente tres lustros antes que los dos títulos mencionados y si bien no desarrolla de forma tan madura estos conceptos antes mencionados sí que proporciona las adecuadas dosis de ingenio y diversión como para hacernos pasar un rato más que entretenido.

¿Qué elemento no pertenece al decorado?

Y es que ya su primera secuencia nos pone en antecedentes: dos hombres desnudos en una cama se besan. A medida que el plano va girando observamos que uno de los dos hombres en realidad es ¡una mujer barbuda! Y que en realidad están rodando una película. A partir de ahí el guión parece directamente destinado a tomar derroteros imprevisibles para el espectador más avezado. Y lo consigue.
Algo que sorprende es el nivel de producción que por la entonces todavía Checoslovaquia (hoy, recordemos, dividida en dos países: República Checa y Eslovaquia) podía contar para una comedia de este calibre. La estética futurista no inventa nada y se adhiere a la moda aséptica de escenarios fríos, vestuario uniformado y muebles funcionales (estamos todavía tras el telón de acero de la Europa comunista, no lo olvidemos) pero desde el punto de vista técnico resulta del todo impecable. Por otro lado, la reconstrucción de una Praga de principios del siglo XX resulta absolutamente deliciosa y cuidada al más mínimo detalle.
El guión es, cuando menos, ingenioso y se mueve a dos niveles, el de sátira social en la parte que se desarrolla en el futuro (rematado por ese paradójico desenlace final) y el de auténtica comedia de vodevil para la parte que transcurre en 1911. Evidentemente su discurso temporal resulta menos coherente que el del título de Robert Zemeckis antes mencionado, pero el guionista consigue que mediante unos endiablados diálogos y sus gags desternillantes no nos detengamos a pensar demasiado en ello. La fórmula, contra todo pronóstico, funciona.

En cuanto al apartado actoral, bueno, todos aquellos que tenían (como un servidor) la idea de que el intérprete del Este es por lo general frío y distante para nuestros registros interpretativos latinos van a tener que aparcar momentáneamente sus prejuicios. El elenco está francamente divertido y consiguen sacar partido a cada uno de los momentos del film destacando a Jirí Sovák como el Profesor Moore (que nos recuerda al gran cómico de aquel momento, Peter Sellers), la bella Jana Brejchová, joven historiadora que acompaña a Moore en su viaje temporal, Iva Janzurová como Betsy esposa de uno de los viajeros o a Petr Cepek como un jóven y presuntuoso Álbert Einstein. Por supuesto todos ellos absolutos desconocidos en nuestro país.
Tampoco es mucho más célebre su director, Oldrich Lipský, del que apenas ha llegado a España ¡Que vivan los Fantasmas! (1977), una deliciosa fantasía musical que parodia esta vez el género de Castillo encantado y que aquí incluso se ha llegado a editar en DVD. Por cierto que ese mismo año, 1977, Lipsky volvería a tratar el tema del viaje temporal con “Mañana me levantaré y me quemaré con té” que cuenta como unos viejos nazis se disponen a viajar en el tiempo para proporcionar una bomba atómica al mismísimo Hitler y poder así cambiar el curso de la historia.

Curiosa pizarra para explicar la paradoja temporal

A destacar:
El film tiene momentos antológicos. Uno de ellos es cuando aparecen con su cápsula espacio-temporal en mitad de una representación en la Ópera de Praga. El momento no había sido escogido al azar, ya que la ópera a representar ese día era “Viaje a la luna” y los científicos piensan con buen criterio que en sus decorados la cápsula destacaría menos. Pero sus informes no eran del todo exactos y aparecen en medio de unos decorados menos apropiados para pasar desarpecibidos.
Como divertidísimo resulta el momento en el que nuestros protagonistas sobornan a un niño (futuro padre de uno de ellos para más inri) para que asesine con una pistola futurista a Einstein, habida cuenta de su pericia con el tirachinas. “No quiero tener un asesino por padre” se resiste Frank, uno de los científicos a lo cual su compañero, el profesor Moore replica: “¿Prefieres tener una esposa barbuda?”.

Una película en fin, realmente divertida. Una auténtica joya desconocida de la Ciencia-Ficción que a buen seguro estuvo muy presente en las primeras sátiras de los Monty Python, con cuyo humor guarda más de un parecido. Una película que de haber sido norteamericana y estar filmada por un Billy Wilder, pongamos por caso, estaría sin duda en cualquier antología de comedias con trasfondo fantástico.

Secuencia Inicial

No puede perdérsela: El aficionado a los viajes en el tiempo. No le defraudará.
Abstenerse: Sólo aquellos que no gusten de los subtítulos. De momento no está disponible con doblaje castellano.
Compra: Difícil de conseguir. Sólo en importación.
Enlace Emule: Zabil jsem Einsteina, panove (Oldrich Lipsky 1970)-CZ.avi
Subtítulos en castellano (sincronizados para el enlace de arriba): http://www.subdivx.com/X6XMTA1MTEz