Síntomas: Una serie de personajes coinciden en un ascensor de largo recorrido en un mundo deshumanizado. Cada cual tiene su propio secreto inconfesable que guardar. En un momento del trayecto, el ascensor es requerido para trasladar a un par de peligrosos asesinos psicópatas. La pesadilla no ha hecho más que empezar...
Diagnóstico: Dice el imprescindible Carlos Aguilar en su Cine fantástico y de terror japonés (1899-2001) : “Tras el fin de los años 80, el fantastique japonés… es acaparado por el neo kaiju y el saiko hora (literalmente psycho horror)…
De modo prioritario, y hasta sofocante, se advierte el efecto de la coetánea “cultura del apocalipsis” americana, dentro de la cual coexisten el gore y el splatter, el trash y el slasher, el cyberpunk y el cyberpup, las más diversas parafilias eróticas, el armamento sofisticado, toda índole de arte siniestro, la estética postindustrial, las religiones anticristianas y las sectas oscurantistas, los psychokillers , el afterpunk, el gothik, los cómics macabros, la nueva carne, el nuevo metal… todo ello materialmente a la sombra de lo bizarro…”.
Acertadísima descripción del giro que el cine japonés toma en las postrimerías del s. XX, resulta, del mismo modo, idónea para retratar certeramente el título que ahora nos ocupa. Lo primero que llama la atención de “Hellevator: The Bottled Fools” es su estética retro que remite de inmediato a aquella obra maestra de Terry Gilliam llamada Brazil(1984), igual que esta, pesimista fábula apocalíptica que nos mostraba un mundo deshumanizado, una sociedad de tintes dictatoriales donde los derechos fundamentales y la presunción de inocencia son pisoteados en alas de una frágil seguridad torpedeada por pequeños grupúsculos terroristas (ineludible acordarse de ciertas sociedades modernas que en nombre de la democracia utilizan métodos muy cercanos a los que dicen combatir).
Hecho este apunte, es de justicia advertir que las similitudes con el film de Gilliam terminan ahí. Y es que los mensajes y presupuestos con los que se mueven ambos films son radicalmente distintos. Precisamente, unos de los mayores méritos del director de The bottled fools es el magnífico rendimiento que ofrece del escaso presupuesto de la cinta, trasladando la mayor parte de la acción al interior de uno de los enormes ascensores que, a modo de tranvías verticales (uno de los aspectos más novedosos del film), sirven como medio de transporte para los habitantes de esa lóbrega, claustrofóbica e hiper industrializada ciudad.
Junto a estos elementos, como bien señalaban las palabras de Aguilar al comienzo de la reseña, otras constantes en el nuevo fantástique japonés: adolescentes con trajes de colegiala, psychokillers grandiñolescos y ese peculiar tratamiento de un gore exacerbado que suele derivar en lo bizarro cuando no directamente en lo grotesco. La película resulta desasosegante por diversos motivos: algunos detalles macabros (ese asesino que habla hacia atrás), la presencia constante de la sangre (y todos sabemos como se las gastan por allí cuando se trata de mostrar el rojo elemento) y sobretodo por la incapacidad de poder identificarnos con ninguno de los roles (Luchino, envuelta en su traumático pasado, está lejos de ser un personaje positivo, pese a su condición de protagonista), lo cual contribuye aún más a la incomodidad del espectador, que jamás sabe que posición tomar en la trama lo cual, a la postre, puede suponer también un serio hándicap.
Pero la mayor pega que se le puede dar a este singular título, como ya habrá supuesto el más avezado aficionado, es su condición de anécdota excesivamente alargada que combina los aciertos y las secuencias de indudable impacto con diversos tiempos muertos, escenas reiterativas y situaciones que derivan en absurdas, no tanto por la propia condición del relato como por una traición de la lógica interna de este, circunstancia habitual en realizadores y guionistas noveles como es el caso.
Con todo, un pecado menor para un film interesante, una parábola que de puro pesimismo trasciende en nihilista, con un desenlace que no por previsible resulta menos apropiado para cerrar su discurso.
Tráiler de Hellevator
No puede perdérsela: Cualquier amante del cyberpunk.
Abstenerse: Los que no gusten de las películas de ambiente claustrofóbico.
Takena Nagao no creo que sea a esta alturas un nombre desconocido para cualquier sibarita del cine más extremo. Sus cortometrajes no son difíciles de encontrar ya que él mismo se dedica a colgarlos en la red . Aún así, como siempre podemos encontrar algún despistadillo por esta Casa de locos, dedicaremos una breve reseña a este autor japonés cuya totalidad de su trabajo está dedicado a la animación con plastilina.
Es este un laborioso método de trabajo a partir de muñecos realizados en plastilina y fotografiados a razón de 24 fotogramas por segundo técnica conocida por "stop-motion", (hay que ver, que los ingleses tienen nombre para todo) para de este modo provocarnos la sensación de movimiento. Que duda cabe que los pioneros y grandes creadores de esta técnica provinieron en un comienzo de los pacientes artistas del este de Europa, destacando sobre todos ellos el gran animador checo Jirí Trnka cuya filmografía está plagada de auténticas obras maestras (algún día tendremos que dedicarle un merecido artículo).
Ya en el cine de los últimos tiempos hemos tenido honrosos ejemplos como Pesadilla antes de Navidad (1993), James y el melocotón gigante (1996) ambas bajo el amparo de Tim Burton 0 Chicken Run: Evasión en la granja (2000), un jocoso "remake" de La gran evasión (1963), orquestada desde tierras británicas por los creadores de Wallace & Gromit. En España el realizador Pablo Llorens, es sin duda el máximo representante de esta técnica.
El joven Takena Nagao inicia su producción en 2004 y (como buen japonés que es) conduce su estilo hacia lo el extremo y cuando llega... da un paso más. Él mismo reconoce sus claras influencias: Romero, Raimi, Hooper y Tarantino. Ahí es nada. Nagao rompe con la visión humanista y contemplativa del mundo oriental y se deja globalizar por los excesos del cine de terror norteamericano. No contento con ello, mete en la cocktelera a unos cuantos paisanos suyos con gusto por lo bizarro, con Chan-wook Park y Takashi Miike a la cabeza, y el resultado (como no podía ser de otro modo) resulta no apto para sensibilidades delicadas.
El estilo de Nagao es minimalista; unos pocos decorados sencillos y con un toque naif e infantil que por mero contrate terminan por resultar todavía más terroríficos. Violencia extrema, el uso más granguiñolesco de la sangre y un fino apunte de sexo soterrado son otros de los ingredientes de sus pequeños (por duración) trabajos. A eso unimos la total ausencia de diálogos y un inteligente (y efectivo) uso de los sonidos y la música. El resultado, como digo, no deja indiferente.
Sus primeros trabajos reflejan que Nagao está perfeccionando su técnica. Son cortos mucho más toscos, reiterativos y a veces incluso confusos. Temáticamente también resultan mucho menos transgresores y en definitiva menos interesantes. De esta época pertenecen títulos como Battle of Clay 1 y 2, Bloody Night o Crazy Clay Wrestling
Pero estos cortos, como digo, sólo sirven de esbozo a lo que va a ser las constantes de su obra posterior, dejando paso inmediantamente a una siguiente etapa que es la que le ha dado a conocer entre los amantes del cine más extremo. Aquí ya encontramos los tres cortometrajes que a continuación os muestro aquí.
"Bloody date"(abril 2007) inagura esta segunda etapa más madura resultando un mini-remake deLa matanza de Texas(1974) y esos "survival" tan de moda hoy día. Sin duda uno de los cortos más sordidos que he visto hasta la fecha.Duración: 5 minutos.
El segundo,"Chainsaw Maid", (dicembre 2007) tiene como clara referencia los zombies de Romero y nos narra la invasión de una casa por parte de estos hambrientos muertos vivientes. La rápida actuación de la doncella de la casa será determinante para poder repeler el ataque de estos zombies. Duración: 7 minutos "Pussycat" (2008) nos presenta a una gata muy femenina (por no llamarla otra cosa) que se mete en problemas con su novio cerdo y el lobo feroz. Aquí Nagao mezcla el tradicional cuento infantil con elementos de la sexplotation y el gore más desenfadado. Para mi gusto es su mejor trabajo hasta la fecha y posiblemente el afianzamiento de un estilo definitivo, concluyendo este corto con un divertido guiño final al ánime nipón. Duración: 5 minutos.
Pero sobran los comentarios. Lo mejor es ponerse a verlos sin más dilación. Aproximadamente 15 minutos entre los tres donde váis a poder disfrutar de más cine extremo que las mayoría de producciones norteamericanas que nos venden como tal. Buen provecho.
Síntomas: El humilde dueño de una fábrica de aceites es condenado a muerte tras matar accidentalmente a un joven en una reyerta con unos mafiosos que pretendían robarle el negocio. Antes de ser ejecutado, le muestra a su sobrino enfermo de polio un tatuaje que tiene en la espalda. El tatuaje es nada más y nada menos que un conjuro para convertirse en un monstruo de gasolina con poderes especiales. Eso sí, los poderes obtenidos sólo deberán ser empleados para reparar injusticias.
Diagnóstico: Los Shaw Brothers y su productora -cuyo famoso logotipo recuerda sospechosamente a la de la Warner Bros- pueden considerarse el equivalente de la AIP de Nicholson y Arkoff en América o de la Hammer británica. De hecho, en plena decadencia de ambas productoras, la Shaw Brothers y la Hammer unieron sus fuerzas para realizar un híbrido de sus productos en la entrañable “Kung Fu contra los siete vampiros de oro”. A los Shaw Bros, como digo, debemos decenas y decenas de míticos títulos de Artes Marciales que los aficionados al género seguro que recordarán. No obstante, a mediados de los 70 la fórmula empezaba a agotarse, como todo en esta vida, y se vieron obligados a abrir nuevos horizontes. El género fantástico parecía la mejor opción y se pusieron manos a la obra. Aparte del título ya citado en co-producción con la Hammer, producirían "Black Magic", delirante muestra de horror japonés orquestado por el gran Meng Hua Ho (recientemente fallecido). El invento funcionó e inmediatamente decidieron repetir con idéntico equipo artístico y técnico en el título que ahora nos ocupa. Oily Maniac es un héroe que bebe, de diversas fuentes: por un lado el increíble Hulk (el héroe, en su transformación adquiere una fuerza y agilidad sobre humanas pero también una incapacidad para dominar su ira), por otro la Cosa del pantano (en la gestación del monstruo-héroe con un trágico trasfondo sentimental) e incluso del Vengador tóxico, no en vano el “maniaco grasiento” , como lo bautiza la policía en el film, necesita sumergirse completamente en la grasa y la mugre para hacer efectiva su transformación.
Oily Maniac no es una buena película, desde luego, pero resulta sumamente entretenida, agradeciéndose en todo momento su honestidad e inmediatez. Por medio de brutales elipsis (que a veces incluso pueden producir cierto desconcierto en el espectador menos atento), a los cinco minutos de metraje estamos ya inmersos en la trama: una simple historia de injusticia con héroe vengador de por medio. La trama, como digo, es directa; los personajes de una pieza: los villanos son malos de opereta (sí, de esos que se ríen mientras hacen alarde de su maldad); los buenos resultan ñoños incluso para una serie de Michael Landon. El espectáculo resulta ideal para una divertida velada merced a esa acción trepidante y a sus jocosos pero decididamente entrañables efectos especiales que transforman al monstruo bien en una mancha de aceite, bien en un ser recubierto de carburante más parecido a un (con perdón de los presentes) gigantesco excremento con extremidades, que pega unos brincos impresionantes, gruñe igualito que Godzilla y se hace acompañar con la banda sonora de “Jaws” en un copy-paste descarado. Por supuesto, las armas convencionales y los golpes son totalmente ineficaces contra este aceitoso ser aunque, como ocurre siempre con este tipo de personajes, también tiene su "kryptonita" particular que aquí resulta ser el fuego, claro (cualquier desengrasante al uso también hubiera servido aunque parece que no se le ocurrió al guionista).
El ataque del Sr. Mojón
Pero el film también tiene sus carencias. Especialmente sorprende la total inexistencia de gore y de humor. La sangre brilla por su ausencia y la indudable capacidad de hacer reír que tiene la película viene dada más por cuestiones involuntarias, referentes a la ingenuidad de situaciones y diálogos y a unos efectos especiales de traca, que a un tono paródico deliberadamente buscado y desarrollado y que tan bien le hubiera venido al film. El guión, por su parte y pese a la simpleza de la trama, resulta en ocasiones confuso y enrevesado además de mostrar una acentuada misoginia que rezuma por todo el metraje, donde las mujeres solo aparecen en la trama como origen de todos los males. El responsable del guión, Lam Chua, había trabajado en labores de producción en diversos films (fue Jefe de producción precisamente en la citada “Kung-fu contra los siete vampiros de oro”) y este fue, a la postre su primer y único libreto que firmó, dejando constancia del poco oficio que tenía en estos menesteres.
Del elenco poco que destacar salvo señalar al protagonista, el habitual héroe de artes marciales Danny Lee al que ya mencionamos en este blog a propósito de Inframan , y la belleza de actrices como Lily Lin (Los Vengadores de Shaolin) o Ping Chen (The Sexy killers).
En resumidas cuentas un cutre-film de lo más recomendable, que nos regala a uno de los héroes vengadores más bizarros de la historia del cine. Ahí es nada.
Tráiler de la bizarrada en cuestión
Por qué hay que verla: - Por lo directo de la trama; no hay lugar para el aburrimiento. - Los imposibles ataques del monstruo. Verlo brincar, moverse o transformarse en mancha deslizante supone un espectáculo de lo más divertido. - Los abundantes toques “nudies” de su bellas actrices.
Síntomas: Koji Taguchi gana el campeonato de lucha libre de Japón pero cuando se dispone a recoger su título es derrotado por un desconocido y extraño contrincante que aparece de súbito: un enorme calamar que parece dominar el arte de la lucha libre. En realidad, el calamar es la reencarnación de Kan-ichi Iwata, antiguo campeón que ha regresado para vengarse ya que Taguchi no sólo se ha quedado con el título sino con la mujer que ambos amaban.
Diagnóstico: De antemano, para preparar al personal, tendré que decir que pocos films de los que he reseñado aquí merecen tanto su inclusión en este manicomio. La historia de un luchador de lucha libre NO que se viste como un calamar, no, si no que se ha reencarnado en un auténtico cefalópodo. A partir de esta premisa ¿Qué más podemos esperar?
Pocas filmografías fantásticas pueden presumir de ser tan eclécticas como la japonesa donde todo cabe; de las películas de monstruos para toda la familia al cyber-punk más bestia, pasando por toda una amalgama de temas: dioses mitológicos, fantasmas vengativos, vampiros de las nieves, superhéroes casposos, sádicas torturas o maravillas fantásticas como las rodadas por Mizoguchi o Kobayashi. Todo cabe aunque no necesariamente todo sea original de la cultura nipona. De hecho, la mayor virtud del fantástico japonés no es la originalidad de lo que se cuenta, sino la capacidad que tiene para tomar influencias y temas del extranjero y remodelarlas para convertirlas en una idea completamente original. “El Calamar luchador” es otra buena muestra de ello.
Interpretado en algunos de sus roles por auténticos profesionales de la lucha japonesa, lo insólito de este film es que conscientemente se aleja de todo tono paródico que en un título de estas características podríamos esperar. Su estilo es más parecido al de un melodrama de superación con la lucha libre de fondo del mismo modo que “Rocky” lo era con el trasfondo del boxeo (al que homenajea esta cinta en la secuencia dónde el personaje se prepara para la gran lucha final ante otro bichejo) o “Karate Kid” con las artes marciales. No existe un conflicto racional en la película, los personajes asumen con cierta naturalidad (superado el espasmo inicial) la condición de calamar del protagonista. Las explicaciones de cómo ha llegado a ese estado son muy pelegrinas, como tampoco se nos explicó jamás de dónde habían salido los monstruos que acechaban el Japón en los tiempos de Godzilla; ni falta que nos hace. En una sociedad como la nipona, -donde las creencias religiosas (principalmente a través del budismo) están firmemente arraigadas incluso entre la clase más intelectual, donde el manejo de robots y otros artilugios ya hace tiempo que dejó de ser ficción y donde la aceptación de lo inédito, lo fantástico y lo sobrenatural están presente en cualquier conversación común sin miedo a ese ridículo en el que hoy día tememos caer los occidentales donde cualquier comentario nuestro dirigido a la creencia de un “más allá” puede hacer peligrar nuestra seria reputación- todo (o casi) se asume con cierta naturalidad. Con ello no quiero dar a entender que un oriental sea más crédulo o ingenuo, pero sí que estará mayormente preparado para aceptar las premisas de este tipo de locuras, acostumbrados como están a dejar que lo mitológico, lo misterioso y lo fantástico forme parte indisoluble de sus vidas cotidianas.
La soledad del deportista de élite
A tenor de todo lo comentado, decir que nos encontramos ante una trama ya contada un millón de veces: una historia de superación para volver a un estado perdido con anterioridad y, de paso, recuperar un antiguo amor. Como digo, su director, Minoru Kawasaky (que se auto denomina un “Ed Wood con talento”) evita a toda costa la lectura paródica y el humor sainetesco tan caro al cine nipón. Es consciente que la sonrisa (incluso la carcajada) aflorará del espectador por sí sola cuando vea al calamar entrenando en la bicicleta estática, en el mercado haciendo la compra con su cesta al tentáculo o haciendo el amor con su novia (humana) mientras esta le susurra que quiere tener hijos con él. Kawasaki no se priva de dotar a la cinta de cierto mensaje sociológico, convirtiendo a este molusco luchador en una metáfora de una sociedad nipona perdida y desprovista de referentes válidos y estableciendo una leve crítica al poder de manipulación de los "mass media" aunque afortunadamente no cargue “las tintas” (de calamar) en este sentido ni desvíe la atención de lo que vamos a ver: una sencilla historia de superación… con un molusco de protagonista. Y, paradójicamente, ahí reside también uno de los mayores inconvenientes que se le puede poner a la película, la apabullante simpleza de su historia, apoyando todo el interés en la presencia del monstruo de goma y su “día a día”. Un tipo como Kawasaki, el cual dispone en su filmografía de bizarradas si cabe mayores como ese “Executive Koala”, nos sorprende no solo con ese plano argumento sino con una impersonal dirección y una pobreza formal, algo todavía más alarmante tratándose de una película de estas características que parece pedir a gritos una puesta en escena más gamberra. Kawasaki opta por un estilo clásico, sin alardes de cámara ni apenas efectos infográficos, un estilo casi telefílmico dónde además los momentos dramáticos son tratados con altos grados de ñoñería, acentuada si cabe por su empalagosa banda sonora. Así el experimento se queda en un incómodo terreno de nadie; entre dos aguas que provocará reacciones contrapuestas entre aquellos que piensen que es una obra maestra de la psicotronía moderna y los que crean que la cinta simplemente supone una solemne estupidez. ¿Mi diagnóstico? Imposible decidirme a la luz de nuestra mentalidad occidental. Con este calamar luchador, sólo nos queda dejar de lado nuestros prejuicios, nuestras propias ideas de lo que debe ser una historia y disfrutar de una cinta llana, entretenida y con una moralina simple pero decididamente simpática.
Síntomas: Un grupo de decadentes jóvenes japoneses se quedan sin gasolina en mitad del bosque y abandonan el vehículo en busca de ayuda. Cuando llevan un buen trecho encuentran una extraña factoría abandonada y deciden hacer un alto en el camino… Poco sospechan que en su interior se encuentra congelado un peligroso parásito que produce en sus víctimas femeninas un voraz (literalmente) apetito sexual.
Diagnóstico: Todos estaremos de acuerdo a estas alturas que en materia de bizarrismo los orientales siempre nos llevarán la delantera. Da igual las aberraciones, fricadas, o desvaríos que el occidental sea capaz de generar en su mente. Los asiáticos siempre darán un paso más allá. Killer Pussy es buena muestra de ello. Poco hay que comentar de esta película rodada directamente en video. El argumento no existe más allá de lo que he expuesto anteriormente. Dicho parásito que se introduce en el interior de las féminas va haciendo estragos en ese grupo de jóvenes cargados de testosterona. El resto es sólo sangre y sexo sazonado con humor, nada más... Y nada menos. Y es que a pesar de su inexistente guión, de su estética de película porno, de lo mínimo del presupuesto, de los caseros efectos especiales y de la nulidad de las interpretaciones si algo salva este producto es el hecho de que vaya directa al grano, sin detenerse en ninguna de las múltiples lecturas que la propuesta podría haber inspirado a saber: la sangre como representación del fin de la inocencia, la vagina dentada, un símbolo clásico en la mitología, representando el miedo de los hombres hacia el sexo, y bla bla bla... De este modo queda claro que lo único que pretenden los responsables de la cinta es hacer pasar un rato entretenido merced a un sostenido tono de comedia y a un gore de lo más gran guiñolesco y convirtiendo el film en una gamberrada simpática que de otro modo podría haber caído en el peor de los ridículos. La película se permite incluso algún que otro homenaje a las heroínas del manga (la escena en la que la última superviviente se dispone a armarse con objetos caseros que encuentra por el almacén) o un guiño auto paródico a sus actrices (los jóvenes hojean algunas revistas eróticas que hallan en la nave abandonada y que están protagonizadas por algunas de las intérpretes en la vida real). Y es que por si alguien todavía se está pensando en ver esta película, decir que su apenas hora de duración se hace todavía más amena merced al impresionante físico de sus protagonistas femeninas, todas ellas encabezadas por Sakuraku Kaoru, una de las más famosas modelos eróticas de Japón que aquí no escatima nada para mostrarnos la contundencia de sus atributos “artísticos”. Junto a ella Natsumi Mitsu otra neumática reina del porno nipón.
Cronología de un gazapo: En esta producción no tiene mucho sentido que nos pongamos demasiado tiquismiquis con los errores ya que hacen de lo cutre su discurso formal como método de provocar y, por supuesto, divertir al espectador.
Es peligroso asomarse a según qué sitios...
Así, no podemos ponermos demasiado exigentes y echarles en cara por ejemplo, el hecho de que los improvisados excursionistas no le den ninguna importancia al hecho de encontrar una mujer congelada en la nave dónde se han refugiado (00:10:30). SI buscamos la lógica en esta cinta vamos mal encaminados. Sólo nos queda regocijarnos con cada aparición del “bicho” que parece un aborto ideado por Jim Henson dispuesto a zamparse a todo miembro viril que se ponga a tiro (00:40:35). Especialmente divertido resulta observar cómo la heroína golpea a uno de los mutantes con una supuesta vara de hierro (00:50:30). Aunque oímos el sonido metálico, vemos claramente como la vara se dobla cada vez que golpea, delatando su origen recauchutado. Todo esto, como digo, podría quedar ridículo en cualquier producción que realmente pretenda asustar al respetable, pero no en una que no se toma en serio nada de lo que nos cuenta.
En definitiva, reitero lo dicho. Nos encontramos ante una gamberrada sin apenas argumento que directamente pasa a ofrecernos aquello que esperamos ver: mucho sexo, sangre y humor amarillo a raudales. Una producción todo lo limitada que se quiera pero que, para el que suscribe estas líneas, es preferible a la pretenciosa y conservadora cinta norteamericana Teeth (2007) que sospechosamente comparte una premisa similar a la que hoy nos ocupa. Que os aproveche, y cuidado con dónde váis después a calmar los ardores que seguro que la cinta os provocará. Avisados estáis...
Secuencia pre-créditos de "Killer Pussy"
No puede perdérsela: El amante del fantástico nipón más bizarro. Abstenerse: Al que le repugne la sangre como un elemento más del erotismo. Cómo comprarla: Editada en DVD de importación. E-Link: 2004 - Killer Pussy.avi Subtítulos:2004 - Killer Pussy.srt
Síntomas: El profesor Tabani y su ayudante logran encontrar el sueño de todo científico: el elixir de la vida eterna. En cuanto se queda solo, Tabani decide probar en su persona dicho elixir transformándose en Drácula, un "no muerto" sediento de sangre humana. Un tiempo después, el Dr. Harker, investigador de lo oculto, decide pasar la noche en un viejo castillo que los lugareños aseguran que está maldito.
Diagnóstico: Lo primero que puede pensar el lector despistado al leer esta entrada es que, una vez más, nos encontramos ante uno de esos films imposibles, psicotrónicos como ellos solos y repletos de estupideces varias. Nada de eso. Estamos ante un film de una factura seria, realizada por profesionales que conocen su oficio y con suficientes elementos dignos de ser tenidos en cuenta. Es cierto que el título que nos ocupa no lo encontraremos en ninguna antología de las mejores adaptaciones del conde transilvano a la gran pantalla, pero tampoco sería justo incluirla entre las peores. En cambio sí que se trata de una de sus más exóticas, extrañas y bizarras versiones. Eso ya la hace merecedora para dedicarle un huequecito de nuestro tiempo libre.
“Drácula en Pakistán” es una versión adaptada a los gustos y costumbres musulmanas de este país que formaba antiguamente parte de la India y cuya génesis comienza durante los tiempos de la antigua colonia británica. El film no tiene como referente inmediato la novela de Bram Stoker sino el film que Terence Fisher dirigió para la Hammer en 1958 y que está interpretado por Peter Cushing y Christopher Lee, el cual supone para muchos (entre los que me encuentro) como la mejor aparición cinematográfica de Drácula. Tal es la influencia de la película en cuestión que sigue, punto por punto la estructura de aquella (salvo un prólogo original) planificando incluso algunas escenas de idéntica manera e introduciendo además insertos de la propia banda sonora que James Bernard compuso para el film de Fisher. No obstante la película también es deudora en gran medida de la versión de Tod Browning con Bela Lugosi, sobre todo en lo relativo a la estética y atmósfera del castillo, con una estupenda fotografía en blanco y negro y esas catacumbas plagadas de telarañas.
Un siniestro taxista...
Aunque está considerada como la primera película de terror realizada en pastún (idioma oficial de Pakistán) no era en absoluto la primera película de este género que veían los indígenas del país. De hecho fue a raíz del éxito de algunos títulos de terror (el de la Hammer entre ellos) cuando surgió la idea de que “Lollywood” (nombre que recibe la industria cinematográfica pakistaní), produjera su propio título de horror. Su éxito fue importante a pesar de un primer intento de censura y de su clasificación de "película X" (que por supuesto no hizo sino alimentar todavía más su morbo).
Como he advertido anteriormente, la cinta adapta la versión vampírica de la Hammer a los gustos autóctonos. Esto implica algunos números musicales en mitad de la acción que a ciencia cierta provocaran nuestra sonrisa, pero que en modo alguno deben ser considerado como puntos negativos si atendemos a una cultura dónde la noción de espectáculo no se entiende si no está íntimamente ligado a la música y la danza.
Particularmente delirante, en este sentido, supone el númerito musical que la “novia” de Drácula ofrece al Jonathan Harker pakistaní en el tramo inicial del film. Y ya que estamos aludiendo a la música, señalar que su selección puede resultarnos más que chocante si atendemos a nuestros gustos occidentales: y es que temas como el de “La cucaracha”, “Granada” o alguna pieza del maestro Albéniz no parecen los más adecuados para ser utilizados en distintos momentos de tensión de la cinta. El trabajo actoral tampoco debemos considerarlo a la luz de nuestros propios códigos de interpretación. Aún así, todas las actuaciones son correctas e incluso algunas bastante esforzadas, como la de Rehan, actor novel en estas lides, que sin duda debió estudiar concienzudamente la encarnación que Lee hizo del aristócrata vampiro apenas ocho años antes.
Pero lleguemos a la cuestión que más me intrigaba antes de ver la película: ¿Cómo adaptar a Drácula en un país con un 97% de población musulmana? Evidentemente, eliminando cualquier referente cristiano. Aquí vemos que el vampiro ya no tiene como origen una pérdida del alma como consecuencia de una maldición sino por un motivo mucho más mundano que se nos explica en el prólogo: Una especie de “Mad doctor” que busca afanosamente el mítico elixir de la vida, hasta que lo encuentra y decide de inmediato probar sus efectos en sí mismo, faltaría más. Así, a Drácula ya no se le relaciona tan directamente con el mismísimo Diablo sino que es fruto de un experimento científico. Los vampiros mueren siguiendo la tradición, por una sobre exposición al sol o por un machetazo en pleno corazón, pero sin embargo cualquier referencia religiosa es eliminada: cruces, agua bendita, etc… En definitiva, una película muy disfrutable, quizá algo envejecida para los gustos actuales pero con suficientes elementos de interés como para darle una oportunidad. Sin ir más lejos, el enfrentamiento final entre Drácula y el Dr. Van Helsing resulta uno de sus mejores momentos, rodado con brío, energía y gran brutalidad (a ritmo de "El barbero de Sevilla" por cierto) lo cual nos hace recordar, nuevamente, que nos encontramos ante una película todo lo bizarra que queráis pero en absoluto vulgar.
Drácula: lollywood Vs. Hammer Parecidos más que razonables
No puede perdérsela: El seguidor de las filmografías exóticas. Abstenerse: El que crea que el Drácula de Coppola supuso la última palabra del mito.
Director:Kunt Tulgar. Intérpretes:Tayfun Demir (Süpermen / Tayfun Kent), Güngör Bayrak, Esref Kolçak, Yildirim Gencer, Nejat Özbek, Reha Yurdakul, Seref Pekseker, Turgut Özatay, Kadir Kök. Síntomas: Tayfun Kent descubre a través de los que creía sus padres, que en realidad es un ser rescatado de una galaxia lejana y que en contacto con la atmósfera terrestre adquiere múltiples superpoderes. Sólo tiene una debilidad y es su alergia a la kryptonita. Por eso una banda de malvados querrá hacerse con el mayor acopio posible de este mineral para así poder controlar al Superhombre.
Diagnóstico: Desde los años 50 y hasta finales de los 80, la filmografía turca se caracterizó por saquear argumentos e ideas de grandes éxitos internacionales (por lo general norteamericanos, claro) adecuándolos al gusto del país y con unos presupuestos paupérrimos. Así, películas como “El Mago de Oz”, “Star Treck”, “El Exorcista”, “El Jovencito Frankenstein”, “Drácula”, Star Wars”, “Conan, el bárbaro” y un largo etc, tienen su versión turca, generalmente todas ellas merecedoras de un rinconcito en este blog.
El Superman turco (la nariz es suya)
En 1978, por su parte, Richard Donner logró sorprender a todos con la versión que todos conocemos del que quizá sea el superhéroe más famoso de todos los tiempos. Los turcos no perdieron tiempo y se dispusieron a hacer su versión ¡subvencionada por el Ministerio de turismo de Turquía! Como curiosidad, decir que la titularon “Süpermen Dönüyor”, que significa en inglés “Superman Returns”, justo como ha sido titulada la última versión del personaje, dirigida por Brian Synger. Pero vamos, ahí acaban las coincidencias. Generalmente reconocida como la más burda, ridícula y cutre versión que se ha dado del hombre de acero. Yo personalmente creo que se quedan cortos estos apelativos aunque la versión india tiene telita también. El visionado de Süpermen Dönüyor es el equivalente a una mala ensoñación provocada por unos “Kebabs” en mal estado. La pobreza de medios se hace evidente en el film desde el primer momento. Así, en un prólogo donde se nos introduce la historia del personaje, vemos el universo con sus planetas y estrellas que no son sino ¡adornos navideños sobre un fondo negro! Inmediatamente se nos muestra el apacible hogar de nuestro Clark Kent turco que descubre (revelado por sus padres terrestres) que en realidad es un extraterrestre con poderes. Al darle sus padres un pisapapeles de cristal verde que encontraron junto al niño, este le guiará a una cueva donde lo arrojará (el pisapapeles) para que explote y así aparecer su verdadero padre, Jor-El, que le dará ciertas instrucciones y ese traje tan característico. Estamos lejos del glamour de Hollywood y aquí su padre adoptivo lejos de tener el aspecto de Glenn Ford parece más bien un cabrero Albanés, mientras que Jor-El no sólo no se parece en nada a Marlon Brando, sino que además le faltan varios dientes (probablemente a causa de la explosión de su planeta). En cuanto al traje, decir que aquí parece más que nunca un pijama con los calzoncillos por fuera, cremalleras en las mangas y unos calcetines rojos por botas. En cuanto al actor que encarna a Kent-Superman, bueno, es verdad que se preocupan de encontrar a alguien alto y con ojos azules; pero el chico no está precisamente musculado y da un aspecto de desgarbado cuando lleva el pijama puesto. En cuanto a sus gafas cuando interpreta a Clark Kent, parecen de estas que venden en las tiendas de artículos de broma, pero a la que se le ha quitado la nariz postiza, que para napia la que gasta el propio actor. Ver para creer.
¿Superman o Mortadelo con uno de sus disfraces?
A todo esto he de decir que la película saquea sin miramiento la mítica banda sonora de John Williams, ¡y hasta la de James Bond! Digo saquea porque, evidentemente, no disponían de los derechos de autor de la misma. Es más, dudo que dispusieran del dinero suficiente para pedir una conferencia con USA y pedir los derechos. De todos modos, el hecho de utilizar la música, lejos de dar empaque a la obra todavía la hace más ridícula ante la extrema cutrez de lo que vamos presenciando durante el metraje. Y llegamos al apartado de los d-efectos especiales. Aquí es donde la pobreza se deja ver en toda su (lamentable) dimensión. Los poderes de Superman son acompañados siempre por un molesto zumbido porque si no es imposible enterarnos de que los está usando. Se añaden nuevos poderes muy útiles como el de escribir a máquina con la mente (no sé como Christopher Reeve pudo pasar sin él) e incluso los turcos se permiten algún gag picante como cuando Kent ve a una compañera de trabajo en la redacción con sus poderes de rayos x en paños menores. ¡Que picaros estos turcos!
Que malandrín, este Superman
En cuanto su poder de volar, aquí es sustituido ¡por el poder de convertirse en un madelman que vuela! Jajajaj... Y es que es tan evidente el muñequito tieso sobre impresionado en un fondo, que mejor hubiera quedado que hubiese ido este Supermen en autobús a todos los sitios. Por su parte, los fondos superpuestos son de pésima calidad y debieron ser cedidos por dicho Ministerio de Turismo puesto que se limitan a tres o cuatro paisajes típicos de Turquía.
Como aspecto positivo mencionar, eso sí, que aquí la Louis Lane es más guapa que la americana (eso no era difícil de conseguir) y que su duración es de apenas una hora y diez minutos, cosa que, para que engañarnos, se agradece mucho. A estas alturas se me ha olvidado hablar de la trama de la película pero… ¿de verdad hace falta? Además esta es tan tontorrona y confusa que tampoco tiene más importancia. Hasta hace muy poco era imposible disfrutar (es un decir) de esta película más que en turco a palo seco. Pero gracias a Yulifero existe una versión subtitulada donde se ha permitido el traductor unas licencias jocosas para conseguir un visionado menos traumático.
Momentos estelares del Superman Turco
No puede perdérsela: Quien se quiera echar unas risas con los amigos. Abstenerse: El resto. Con que vean el video de arriba ya van a tener bastante. IMDB:Ficha de la ¿película? Como verla: Exclusivamente vía emule, gracias a una copia en V.O con subtítulos en castellano incrustados. E-link:Super Zangolotino Anatolio - Vose - Cutrefilms 075.avi
Síntomas: Unos seres monstruosos que viven en el centro de la Tierra deciden (no se sabe muy bien por qué) salir a la superficie e intentar dominar el mundo. Todos ellos están comandados por la malvada Princesa Dragón Mom. El profesor Chan, que dirige una estación científica, parece ser el único que tiene la clave para detener a los monstruos. Su secreto mejor guardado es la fórmula para convertir a un ser humano vulgar en un hombre biónico con poder casi ilimitado.
Diagnóstico:A mediados de los 70, la productora china Shaw Brothers estaba de capa caída. Las principales estrellas del cine de artes marciales (Bruce Lee, Wang Yu…) trabajaban para la competencia. Algo había que hacer, y había que hacerlo rápido. La decisión fue contundente: dedicarse a saquear ideas del país nipón. Por aquel entonces, uno de los grandes éxitos de la temporada en japón era una serie titulada "Ultramán", un claro antecedente de los posteriores "Power Rangers". Los chinos, que son más listos que los ídem y que te hacen una copia barata de lo primero que les llegue a las manos en un santiamén no tardaron en versionar la citada serie. El resultado este delirante “INFRAMAN”, también conocido como el Supermán Chino.
Los despropósitos ya comienzan con el nombre del héroe en cuestión: “infra” en realidad es un diminutivo con lo cual el nombrecito debería significar algo así como "menos que un hombre", jajaja... Cosas de los chinos.
Pero en fin, dejando lapsus del lenguaje aparte, lo cierto es que la película es de lo más entretenida. El comienzo ya promete con esos créditos imposibles que parecen diseñados para provocar en el espectador un ataque de epilepsia. En seguida vemos un autobús rebosante de escolares chinos que acaban despeñados por un barranco merced al primer ataque de los monstruos, capitaneados por la malvada Princesa antes mencionada, que es una mezcla de miembro de ABBA con walkiria vikinga. El elenco de monstruos con el que cuenta hacen parecer a Don Pimpón y Espinete seres de carne y hueso. Y me quedo corto.
Supongo que su estrategia incluye dominar a la humanidad matándola de risa, ya que se dedica a enviar a distintos puntos a estos monstruos de goma espuma que van desde una especie de aborto con taladro en la mano (Perforador Mutante) hasta un monstruo verde con unos movimientos sospechosamente parecidos a los de un yonki con párkinson (Planta Monstruosa). Aparte tiene un ejército de “skeletons” unos individuos ataviados con un pijama con una calavera dibujada, un casco de motorista y unas lanzas con unos bolos en el extremo que estallan al impactar con el adversario (los bolos). Como suele ser habitual en todos los esbirros de a 1€ la docena, mueren siempre a la primera de cambio.
Los diálogos son absolutamente risibles (ya sabemos lo terribles que pueden ser los chinos cuando se vuelven trascendentales) aunque, afortunadamente estos no son muy abundantes en la película. La mayoría de las veces provienen de una chica y unos niños que hasta casi el final de la peli no sabemos muy bien que pintan por ahí, ya que se dedican a pasearse alegremente por las inmediaciones del Centro de Investigación por muchos ataques de monstruos que por allí acontezcan. Las peleas de artes marciales son numerosas y en ellas, además, ya empiezan a utilizar (todavía de manera muy torpe) el sistema de cables para simular personajes que salen disparados ante una explosión o patada mortal. Todo esto aderezado con una música setentera y unos efectos especiales de lo más verbeneros.
Menos mal que el Doctor Chan consigue, ¡mediante un tratamiento de hormonas!, crear a “Inframan” un hombre biónico que cuando se transforma (tras unos segundos de música psicodélica y unos saltitos por aquí y por allá) resulta ser el perfecto defensor del planeta capaz de soltar patadas mortales o de agigantar su tamaño para aplastar a sus enemigos (aunque esto último siempre lo hace a última hora para alargar un poco el metraje de la peli). En resumidas cuentas, un divertidísimo delirio chino que hace que sus 80 minutos pasen volando.
De acuerdo que es mala con ganas, vale. Pero acostumbrados a ver bodrios que además son auténticos y aburridísimos peñazos se agradece echar un vistazo a una que es una auténtica fiesta de luces, peleas, ritmo y música machacona. Hay que verla aunque sea como experimento antropológico.
No puede perdérsela: Cualquier friki de pro.
Abstenerse: El que no esté bien provisto de sentido del humor.