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miércoles, 27 de julio de 2011

EL CANGREJO DE LAS PINZAS DE ORO (Bélgica, 1947)

Título original: De krab met de gulden scharen. Dirección: Ray Goossens. Intérpretes (voz): Georges Poujouly (Tintín), Coen Flink (Haddock), Roger Carel (Milou), Hubert Deschamps (Dupond & Dupont), Wim Wama (Janssen), René Arrieu (Allan), Georges Atlas (Omar Ben Salaad). Duración: 63 minutos.

Síntomas: A través de un encargo de los detectives Dupond y Dupont (Hernández y Fernández en la vers. española) Tintín sigue la pista de una misteriosa lata de cangrejo que le llevará a un barco mercante que no es sino la tapadera de una banda de traficantes de opio comandados por el contramaestre, un tal Allan que mantiene alcoholizado a Haddock, legítimo capitán del buque. Las aventuras no han hecho más que comenzar para nuestro joven aventurero.

Diagnóstico: Con el inminente estreno (Octubre 2011) de la próxima producción de Spielberg dedicada al personaje, nada más oportuno que rescatar para los seguidores de MADHOUSE una auténtica rareza de culto. Los que rondamos ya las cuatro décadas nos dividíamos en nuestra tierna juventud en dos grupos: los que preferían las cómicas andanzas de Axterix y los que nos inclinábamos por las improbables pero decididamente irresistibles aventuras del Tintín. A Mortadelo y Filemón los seguíamos todos. Un servidor reconoce los absolutamente geniales guiones del héroe galo pero siempre sintió especial inclinación por las exóticas andanzas del belga.

Hay un antes y un después de El Cangrejo de las pinzas de oro, donde todos los aficionados parecen coincidir en que comienza la edad de oro de Tintín. Paradójicamente esta nueva etapa viene obligada por las restricciones de una Europa convulsa, invadida por los nazis, que no hace muy recomendable la línea que hasta entonces había seguido Hergé, con las incursiones del intrépido reportero en los principales conflictos mundiales. De hecho, en 1941, Hergé se ve obligado a interrumpir su álbum "Tintín en el país del oro negro" (retomado años más tarde) e iniciar este que nos ocupa, una a priori anodina historia de traficantes de opio inocua desde el punto de vista político.

Poco sospecharía entonces Hergé que una revolución en el personaje estaba a punto de acontecer, una revolución con nombre propio: El capitán Haddock. Sí, aquí es donde aparece por primera vez, en una viñeta donde Haddock, encerrado en su camarote del "Karaboudjan", recibe la inesperada visita de Tintín que le cae literalmente encima. Este personaje campechano, irritable, adicto al whisky y con un corazón de oro en principio iba a ser un ave de paso pero, dado su inesperado éxito, se convertiría en compañero inseparable de las andanzas de Tintín desde ese mismo momento. Otro personaje que aparece aquí y que volverá periódicamente es el del malvado Allan, contramaestre de Haddock y más tarde villano al servicio del malvado Rastapopoulos.Otra curiosa circunstancia cambió además, la forma de narrar de Hergé a partir de ese momento: la racionalización de papel. Eso hizo que pasara de publicar las aventuras desde la habitual doble página semanal a una sola tira diaria. Resultado: Hergé se veía obligado a captar la atención y el interés continuo en muy pocas viñetas, lo cual lo convirtió en un maestro de la narración.

Pero pasemos ya al título que os propongo esta semana y que también tiene interés por múltiples razones. En primer lugar se trata de la primera aparición cinematográfica de Tintín. El film está rodado con el sistema stop-motion a través de unas marionetas cuyos responsables fueron un matrimonio amigo de Hergé que recientemente habían montado un estudio de animación. Joao Batistas Michiels se encargó de la animación mientras que su esposa, Claude Misonne realizó las marionetas, bastante fieles al aspecto original de los personajes.
El estilo es deliciosamente ingenuo y sigue la historia paso a paso combinando las escenas de animación con otras reales filmadas en el puerto de Amberes. Algunos momentos están especialmente bien resueltos, como el ataque del avión a la balsa donde se refugian Tintín y el capitán, aunque otros evidentemente acusan la escasez de medios y el paso del tiempo. En cuanto a las voces hay para todos los gustos, destacando frente a la voz algo impávida de Tintín, la de Haddock, bastante más lograda y apropiada para el personaje.
El film se estrenó el 27 de diciembre de 1947 en el Théâtre de l´ABC de Bruselas, suponiendo el primer largometraje de animación belga, y el éxito fue tal que Hergé se animó a enviar varios álbumes al mismísimo Walt Disney para una hipotética producción de los grandes estudios. El magnate de la animación jamás se dignó a responderle personalmente y fue un subalterno el que rechazó la propuesta devolviéndole los trabajos a su autor.
El cangrejo de las pinzas de oro fue una cinta maldita durante mucho tiempo. Su productor se arruinó y eso propició que esta película estuviera prácticamente perdida. Recientemente la pudimos ver por fin en España gracias al Festival Animac 2009 en Cataluña, que la sacó del ostracismo recuperando 65 de los 85 minutos originales de la cinta. Esto hace que notemos algo deslavazada la acción sin que merme por ello la comprensión de lo narrado. Esta versión es la que podemos disfrutar en este enlace gracias a la web Descarga Cine clásico y a los subtítulos aportados por Evilcracke. En 1991, dentro de la serie "Las aventuras de Tintín" se adaptó de nuevo el mismo álbum, esta vez mediante animación convencional y con bastante menos gracia. Para otras adaptaciones del reportero belga al cine, nada como pasarse por el  blog amigo BORGO, auténtico cajón de sastre de curiosidades y anécdotas varias cuyo sr. administrador dedicó al personaje una estupenda reseña.
Fragmento de "El cangrejo de las pinzas de oro" (1947)

No puede perdérsela: El fan de Tintín y los amantes de los incunables.
Abstenerse: Sólo por motivos colaterales (manía a los subtítulos, fobia a las marionetas, etc.)

Descarga directa en VOSE
(contraseña: descargacineclasico):

domingo, 17 de julio de 2011

THE CUBE (USA, 1969)

Dirección: Jim Henson. Intérpretes:  Richard Schaal (El hombre del cubo), Hugh Webster (Arnie), Rex Sevenoaks (Gerente), Eliza Creighton (Mujer seductora), William Osler (Científico), Jack Van Evera (Prisionero),  Jerry Nelson (Monje), Sandra Scott (Decoradora), Claude Rae (Dr. Conners). Duración: 53 minutos.

Síntomas: Un hombre se ve  encerrado, sin explicación aparente, en un cubículo perfectamente cuadrado por el que pululan multitud de personajes a cual más extraño. Sus intentos de huir del lugar se ven siempre frustrados por una u otra razón.

Diagnóstico: Jim Henson apenas necesita presentación. Generaciones enteras hemos crecido,  disfrutado y aprendido con sus creaciones televisivas. De ahí que no me vaya a extender más en su persona y trabajo: Barrio sésamo, Cristal Oscuro, Dentro del Laberinto, etc.
Pocos son, sin embargo, los que conocen otra faceta más "adulta" en la producción de Henson que incluye, entre otros títulos, este curioso, atípico, marciano trabajo. Incluido en una serie inglesa titulada "NBC Experiment in Televisión", constaba esta, como su buen nombre indica, de una serie de telefilms  cada cual más experimental que contaba con la labor de prestigiosos directores, guionistas y actores del momento: Frank Langella, Jo Van Fleet, Arthur Penn,  Federico Fellini,  Harold Pinter o Donald Pleasence son sólo unos pocos de los nombres que pasaron por los distintos episodios.
Jim Henson se presenta con este título que por premisa y diseño nos remite inmediatamente a un film muy posterior de Vincenzo Natali, Cube del año 1997, merecidamente célebre gracias a los premios cosechados en Festivales como los de Sitges, Toronto y Oporto.
Pero las semejanzas entre el film que nos ocupa y el de Natali terminan ahí. En realidad el film de Henson se encuentra mucho más cercano al espíritu nihilista y desesperanzado de La Cabina, de nuestro Antonio Mercero, auténtica obra maestra merecidamente galardonada con el EMMY en 1973, que muestra una alegoría del individuo atrapado en una sociedad opresiva y castradora - apenas disimulada sátira del régimen franquista que daba sus últimos coletazos por aquellos tiempos-. Tan sólo un año después, Narciso Ibañez Serrador proponía una metáfora similar en El Televisor, de nuevo asfixiante reflexión del individuo ante la sociedad, de nuevo un título a reivindicar, quizá algún día en este MADHOUSE.

Antes de todos estos, este The Cube, de nuevo el individuo encerrado, atrapado en su anhelos, frustraciones, complejos y terrores. No es difícil adivinar muy pronto que ese "cubo" del que nuestro protagonista no puede huir no es sino nuestra propia existencia, nuestro "modus operandi" que nos relega a una vida que a veces no hemos escogido nosotros mismos, más bien hemos delegado en los que nos rodean.
A este respecto, The Cube representa un experimento interesante, señal de una sociedad que entraba en ebullición - fines de los 60, inicio de los 70, inconformismo, revolución, "haz el amor y no la guerra"...- y como todo producto coyuntural ha envejecido bastante peor que el título de Mercero, con un discurso más simplista y una estética muy reconocible. Pero el telefilm merece ser tenido en consideración, sobre todo si tenemos en cuenta que en la época en la que nos encontramos actualmente, un periodo de notable decadencia cultural -curiosamente ahora que disponemos de mayor cultura a nuestro alcance, o quizá por eso precisamente- resultaría impensable la emisión, -no digamos ya la realización- de un producto televisivo de estas características en beneficio de cualquier memez supina a las que nos tienen acostumbrados cualquiera de la cadenas mayoritarias.
Así pues, buen provecho, y disfruten ustedes con este extraño y curioso The Cube.
Fragmento de este título

No puede perdérsela: Los nostálgicos del flower power.
Abstenerse: Los que no gusten demasiado de las alegorías sociales.

Nota: No recuerdo ahora mismo de quien es este ripeo y subtítulado (baja uno tantas cosas). Si aparece el responsable por aquí, favor de indicármelo y yo gustosamente le acreditaré. El enlace directo, cortesía de la casa.
Enlace en V.O con Subtítulos:

sábado, 2 de abril de 2011

HAPPY END (Checoslovaquia, 1967)


Subtítulos en español:

Enlaces de descarga:

Una de las mejores secuencias del film


Abstenerse: Sólo el que no guste de los subtítulos. Por el momento es la única manera de disfrutar de esta gozada.
No puede perdérsela: Ningún amante del CINE, así, con mayúsculas.


Diagnóstico: “Las historias de amor son todas iguales: desafortunadas al principio y con final feliz. La mía es completamente diferente”. Con esta primera frase Lipský formula toda una declaración de intenciones para su film: una divertidísima sátira sobre las relaciones amorosas hombre-mujer en forma de compleja pieza de cámara, con estética de cine mudo y cuya mayor – y asombrosa – particularidad es estar narrada al revés.

En efecto, los personajes actúan siempre hacia atrás, los diálogos en sentido inverso, el film en definitiva, en continuo rebobinado desde el primer minuto hasta su resolución ¿inicio? De nuestra historia.

El experimento no es baladí; la acción y puesta en escena está diseñada para provocar la hilaridad, los diálogos están milimétricamente concebidos para que, invertidos, tengan siempre sentido en un poliédrico juego de palabras y significados. Por encima de todo ello la voz en off del protagonista, omnipresente narrador, reinventado y dándole una irónica explicación a todo lo que estamos viendo marcha atrás. El resultado: una inteligentísima comedia que trasciende su inicial apariencia ingenua, su tónica naif, para convertirse en uno de los experimentos narrativos más fascinantes de la historia del cine europeo.

Aparte de todo esto lo habitual en su realizador: una dirección artística impecable, un virtuosismo técnico notable para la época y unos actores en estado de gracia. Lypský – culto director cuyos límites que establecia eran los de su propia imaginación - elude con inteligencia las peligrosas sombras de la pedantería  y el aburrimiento con esos 70 minutos que evitan que el cansancio llegue a aparecer nunca en el espectador.

Y es que a Oldrich Lipský – ya reseñado en esta madhouse – sólo se le puede achacar un par de “pecados”: no haber nacido francés o británico y dedicarse a un género tan aparentemente frívolo como la comedia. De no ser así siempre he dicho que su lugar en el cine estaría reservado junto al reducidísmo club de genios, muy cerquita de Billy Wilder y Howard Hakws.

Síntomas: Historia de Frydrych, una cabeza huérfana. Enseguida le crecerá un cuerpo y extremidades al levantarse la hoja de una guillotina. Tras una pequeña temporada en un hospicio entre barrotes para su propia seguridad y formación, Frydrych sale por fin a la vida dispuesto a inicial una singular historia de amor.
Título Original: Stastny konec . Dirección: Oldrich Lipský. Intérpretes: Vladimir Mensík (Butcher Bedrich Frydrych), Jaroslava Obermaierová (Julie), Josef Abrhám (Ptacek), Bohus Záhorský (Tchán), Stella Zazvorková (Tchyné), Jaroslav Sterci (Strázník), Helena Ruzicková (Cernovláska), Josef Hlinomaz (Comisario). Duración: 69 minutos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

THE THING WITH TWO HEADS (USA, 1972)

Dirección: Lee Frost. Intérpretes: Ray Milland (Maxwell Kirshner), Roosevelt Grier (Jack Moss), Don Marshall (Dr. Fred Williams), Roger Perry (Dr. Philip Desmond), Chelsea Brown (Lila), Katherine Baumann (Patricia), John Bliss (Donald), John Dullaghan (Thomas), Lee Frost (Sergeant Hacker), Jane Kellen (Señora Mullen), Wes Bishop (Dr. Smith). Duración: 93 minutos.

Síntomas: El Dr. Kirshner, eminente cirujano de carácter misógino, racista y decididamente endiablado, sufre de un cáncer terminal. Para burlar su fatal destino ha estado investigando con animales la posibilidad de trasplantar una cabeza en el cuerpo de otro individuo para poco a poco ir absorviendo las facultades del cuerpo anfitrión y poder deshacerse de la cabeza "original". Llegado el momento, consigue a un voluntario, un preso condenado a muerte. Lo que no sabe el Dr. Kirshner es que el sujeto en cuestión es negro y además tiene sus propios planes de fuga.

 Diagnóstico: Cuando se habla de la colaboración del gran Ray Milland con la AIP se suelen mencionar a las imprescindibles La obsesión y El Hombre con rayos X en los ojos, ambas dirigidas por Roger Corman del mismo modo que se pasa de soslayo por el título que ahora nos ocupa y que es, sin duda, el más bizarro de los tres. A pesar de ello, y vaya de antemano, este film no merece la mala fama que algunos prejuiciosas críticas siempre le han cargado como un sambenito, catalogándolo al mismo nivel que la (esta sí lamentable) Serpiente de mar, ya reseñada aquí.

Realizada a rebufo de otro film con idéntica premisa ,The Incredible 2-Headed Transplant (1971) técnica y artísticamente inferior a la que ahora nos ocupa, lo que hace de esta cinta (titulada con motivo de su edición en video en España con el poco apropiado título de Experimento Diabólico) un film tan agradable de ver es su decidido tono cómico (que no paródico) a lo largo del metraje, con un Ray Milland verdaderamente divertido que demuestra su innegable profesionalidad a pesar de verse obligado a estar literalmente pegado durante la mayor parte del rodaje a un negro de 2 metros de altura, el ex jugador de Fútbol americano : Roosevelt Grier. Contra todo pronóstico, el tal Grier también está de lo más acertado en su composición y consigue una eficaz química con el veterano Milland. Las discusiones entre ambos (recordemos, un viejo científico malhumorado y racista y un condenado a muerte negro que se ven obligados a "convivir" en un mismo cuerpo) proporcionan algunas situaciones y diálogos francamente divertidos, como el momento en el que Grier intenta convencer a su novia de hacer el amor tapando la cabeza de Milland. Como dato curioso comentar que Grier pasaría a la historia antes que como actor, como guardaespaldas de Robert J. Kennedy (hermano de John) al ser uno de los que blocó a Shirhan, el joven integrista palestino que efectuó el disparo que a la postre causó la muerte al senador demócrata.

Volviendo a la cinta que nos ocupa, mencionar que está dirigida por Lee Frost (que aquí interpreta a un sargento de policía ). Frost quizá no le diga nada a la mayoría de los aficionados pero se trata de uno de los realizadores más eficaces del género black-exploitation de la época con títulos tan célebres como Love Camp 7 (1969) o The black Gestapo (1975). El experimento resultante es tan curioso como el que narra la trama: producir un híbrido de dos de los géneros más populares en la serie b de los 70. Por un lado los films de ciencia-ficción, con "mad doctor" incluido, en donde se muestran las excelencias de una incipiente técnica del trasplante (recordemos que el Dr. Christiaan Barnard había realizado con éxito el primer trasplante de corazón apenas cuatro años antes) con las black exploitation de la época que también habían irrumpido con fuerza dentro del género fantástico (recordemos ese Blácula, sin ir más lejos). Sin duda, la mala fama que arrastra el film se debe a su psicotrónica premisa: el injerto de una cabeza a otro cuerpo para que, tras un breve periodo de tiempo, vaya usurpando poco a poco las capacidades motoras y, como final de operación, se extirpe la antigua cabeza, ya inservible. Tal argumento sólo se podía atacar desde una única premisa (y ahí, insisto, radica el principal acierto del film): el constante tono irónico en situaciones, diálogos y personajes que impiden que nos tomemos demasiado en serio la película.

Que The thing with two heads cuenta con un escasísimo presupuesto es algo que queda patente en varios momentos del film (las persecuciones siempre se realizan en caminos desérticos o directamente en mitad de la campiña, los escenarios se ven reducidos a unos pocos interiores) pero jamás afectan al acabado técnico, mucho más eficaz de lo que de una producción de estas características podría preverse. Los efectos especiales están perfectamente conseguidos (en la secuencia de la operación llegó a emplearse incluso una cabeza robotizada del actor Ray Milland) y no es de extrañar si nos atenemos al magnífico equipo de especialistas que componen el departamento entre los que destacan Thomas R. Burman, responsable de los efectos de maquillaje de producciones como La invasión de los ultracuerpos (1987), El beso de la pantera (1982) o Los Goonies (suyo es el maquillaje del inolvidable Sloth) por citar unos pocos ejemplos, Daniel C. Striepeke (El Planeta de los Simios y secuelas, Patton, Salvar al Soldado Ryan) o el mismísimo Rick Baker (La guerra de las Galaxias, Aullidos, Ed Wood...) en uno de sus primeros trabajos donde además interpreta al simio que aparece en la primera parte del film.

En definitiva, un título menor pero entretenidísimo, con abundantes (y en ocasiones agotadoras) persecuciones de coches, un acabado técnico impecable y un final curioso por inconcluso, donde deja suspensos algunos puntos de la trama quizá para evitar entrar en ciertas disquisiciones morales que (y dado el tono desenfadado de la cinta) hubieran estado de más. Al fin y al cabo que un film nos deje con la sensación de querer más siempre será un punto a tener en cuenta a su favor, ¿no?

Tráiler original de "The thing with two Heads"

No puede perdérsela: El amante del fantástico gamberro de los 70.
Abstenerse: El que busque un argumento con pies y cabeza. Este sólo tiene lo último, y además por partida doble.

Descarga Directa (en VOS):

En Castellano (Pass: PARADISE)

lunes, 30 de agosto de 2010

BURIED TREASURE (USA, 1924)

El verano toca a su fin. Poco a poco nos debemos hacer el ánimo y comenzar de nuevo nuestros quehaceres diarios: trabajo, estudios y por supuesto, desempolvar nuestra actividad bloggera. Para empezar a desentumecer músculos y de paso estimular los últimos calores de agosto os propongo esta rareza, este tesoro escondido considerada como la PRIMERA PELÍCULA PORNO DE ANIMACIÓN de la historia.
Su origen es bastante enigmático (aunque casi todos los estudiosos coinciden en que el año de realización es 1924) así como su tutoría. No se sabe a ciencia cierta a quién se le puede asignar esta escabrosa obra aunque se rumorea que en ella participaron varios dibujantes, entre ellos el mismísimo Walter Lantz (sí, el creador de nuestro Woody Woodpecker alías "Pájaro Loco") o Max Fleischer's dibujante de Betty Boop y Popeye. Con esas credenciales es normal que los 7 minutos de duración se pasen volando entre divertidos gags que no se detienen ante ningún tabú: zoofilia, sodomía y hasta un duelo de falos.
El corto se realizó para una fiesta privada en honor de otro de los genios de la animación: Winsor McCay , (historietista estadounidense, uno de los más importantes de la historia del cómic) cuyas aportaciones al cine se consideran tan importantes como las del mismísimo Walt Disney. Suyo es el famoso corto  Gertie el Dinosaurio .
El mini-film es una delicia básicamente por recoger ese espíritu de libertad que se respiraba en el cine allá por los locos años 20, antes que el Código Hays se dedicara a poner coto a la creatividad de los artistas cinematográficos en alas de una vetusta e hipócrita noción de la moral y la dignidad. Narra las andanzas de un pobre hombre (es un decir) que tiene un pene capaz de actuar con autonomía (un tema recurrente en el cine, por cierto) y de meterse y meterle , literalmente, en más de un buen lío.
Evidentemente (y para evitar problemas de censura) no me es posible poner aquí el video pero sí desde luego los enlaces de descarga. Así que si tenéis 10 minutos (tres para descargarlo, siete para verlo) disponeros a disfrutar de esta rareza, refrescante por su desenfadada realización, caliente por su onanístico contenido.
El pene independiente a punto de "entrar" en acción
Descarga directa:


No puede perdérsela: El curioso de los orígenes del cine (y todo erotómano de pro).
Abstenerse: Espectadores de Intereconomía.

martes, 3 de agosto de 2010

SKIDOO (USA, 1968)

Título Original: Skidoo. Dirección: Otto Preminger. Intérpretes: Jackie Gleason (Tony Banks),  Carol Channing (Flo Banks),  Alexandra Hay (Darlene Banks),  Frankie Avalon (Angie), Fred Clark (Guardia de la torre), Michael Constantine (Leech), John Phillip Law (Stash), Mickey Rooney (George 'Blue Chips' Packard), Peter Lawford (El Senador),  George Raft (Capitán Garbaldo), Cesar Romero (Hechy), Frank Gorshin (Hombre), Richard Kiel (Beany),  Harry Nilsson (Guardia de la torre), Slim Pickens (operador de radio) y Groucho Marx como Dios. Duración: 97 minutos.

Síntomas: Tony Banks, un mafioso retirado que vive tranquilamente en San Francisco con su esposa Flo y su hija Darlene recibe la visita de dos antiguos compañeros suyos con un encargo de su jefe en el pasado, apodado "Dios": debe lograr ser encarcelado en Alcatraz y una vez allí, asesinar al recluso "Blue Chips" Packard, para evitar que delate al capo mafioso. Tony en un primer momento se niega pero entonces "Dios" rapta a la hija de este y a su novio hippie Stash.

Diagnóstico: Empezamos agosto, estamos inmersos en pleno verano y nada mejor que escoger un título demencialmente refrescante para estas calurosas tardes estivales. Su propio director, el gran Preminger hablaba así de esta película que acababa de perpetrar:

"Es una comedia. [...] No tiene sentido explicar una comedia como esta: una farsa salvaje y extrovertida. [...] No creo que a mucha gente le guste esta película. Excepto a mi mujer que adora todas mis películas, porque para eso se casa uno."

Bueno, pues a tenor de esta declaración yo debía haberme casado con Preminger. Adoro todo lo que ha hecho y eso va incluso por esta película, que el sector más prejuicioso y conservador de la crítica norteamericano tomó como excusa perfecta para denostar al viejo director vienés. Ya le tenían ganas.

Y es que a Skidoo se la ha tildado como "apología" de las drogas cuando en realidad se trata de un canto a la libertad, a la vida hedonista quizá, es cierto, con un trazo más grueso que ese Vive como quieras de Frank Capra, pero también con más mala baba y con una incorrección política propia de los tiempos que corrían: la cultura pop, el "haz el amor y no la guerra", el sinsentido en que había caído la campaña del Vietnam, etc. Lo sorprendente no es que sea un joven realizador al estilo Richard Lester quien imagine esta sátira, sino un señor mayor, con cara de coronel de la Gestapo y muy malas pulgas en los rodajes.

Esas mismas voces maledicentes apuntan que Preminger y sus amigos se pusieron hasta las cejas de LSD mientras rodaban la película y de ahí el resultado de la misma. Mentira. Como el propio realizador reconocía, él fue el único que probó LSD en un entorno controlado y antes del rodaje para conocer en primera persona los efectos de esa sustancia en los sentidos (no en vano gran parte del metraje transcurre entro los delirios de los personajes que prueban accidentalmente la droga en cuestión). En este sentido, especialmente delirante supone la secuencia en la que dos guardias de la prisión ven bailar a un grupo de cubos de basura que antes había confundido con el mítico equipo de futbol americano "Green Bay Packers" todos con el culo al aire.

Siempre según Preminger, este probó la droga una sola vez y la experiencia fue tan desagradable que ya no se le ocurrió acercarse a ella más. Pero del experimento surgieron algunas de las jocosas escenas que aparecen en la película, como el momento en el que las personas empiezan a reducirse de tamaño hasta convertirse en tornillos con cabeza humana.

Como antes he adelantado, dichas voces malintencionadas provenían generalmente de cierto sector de la sociedad americana más retrograda e intolerante que nunca perdonaron que Otto Preminger se convirtiera en uno de los primeros realizadores-productores independientes de Hollywood. Un "outsider" en toda regla que jamás se resignó a doblarse a los intereses de las grandes productoras cinematográficas y televisivas. Un genio para muchos, un tirano para otros (se dice que la relación entre Marilyn y él durante el rodaje de Río sin retorno fue de todo menos idílica, por poner un simple ejemplo) pero desde luego un realizador elegante y firme que conocía su oficio como pocos y un ocasional y correcto actor (llegó a ser Mr. Freeze en el Batman televisivo de Adam West y de hecho, aquí saca a su trío de compañeros villanos en la serie: Burgess Meredith, Frank Gorshin y César Romero).

Destaca del film, indudablemente, su espectacular reparto. Jackie Gleason demuestra que se puede ser un gran actor incluso en los disparates más grandes, John Phillip Law (actor minusvalorado que cuenta con no pocas simpatías entre las que se cuenta nuestro amigo Adrian, de Esbilla cinematográfica, o el mismísimo Carlos Aguilar) está realmente divertido intuyéndose que en gran medida se desperdició muchas veces a este actor, al igual que Carol Channing o Frankie Avalon, desenvueltos en sus respectivos roles; por si eso fuera poco aun nos quedan Mickey Rooney, Peter Lawford, Michael Constantine, Richard "Tiburón" Kiel... Y esta Groucho, claro, en su última aparición cinematográfica, donde Preminger le regala un último plano en el que se despide de todos nosotros perdiéndose en el horizonte a bordo de un velero con las velas pintadas con lemas hippies y fumando marihuana. Difícil imaginar un final más apropiado para la carrera cinematográfica del maestro del surrealismo en el cine (con el permiso de Buñuel).

En lo estrictamente cinematográfico destacar precisamente el arranque del film, una ácida crítica a la televisión. Preminger, un inconformista impenitente, había mantenido un contencioso con las cadenas de televisión de USA acusándolas de cortar sus películas en los momentos más inoportunos para dar paso a los anuncios publicitarios o incluso mutilar los créditos finales para ajustar la duración (no quiero ni pensar lo que diría hoy día). Todo esto, para un director que se había pasado a la producción con el único fin de mantener el control de sus obras era demasiado y denunció a varias productoras televisivas. Ni que decir tiene que perdió su pulso y en ese ingenioso inicio donde aparece en una pantalla de televisión el título de la película para que inmediatamente Tom y su mujer comiencen a hacer "zapping" de una forma enfermiza, podemos reconocer su particular venganza. Del mismo modo los créditos del film sólo aparecen al final, presentados por Preminger y cantados en lugar de aparecer meramente escritos, sin duda en un intento de evitar el corte de estos por televisión y de mantener sentados en la butaca a los espectadores de cine hasta el final. La música es de Harry Nilsson (que además interpreta a uno de los vigilantes de Alcatraz) cuya canción "skidoo" es realmente muy pegadiza. Dos años después Nilsson obtendría un extraordinario éxito con "Everybody's Talking" canción pirncipal de Cowboy de medianoche.

Que una bizarra serie b anti-sistema la dirija Roger Corman o John Waters a nadie le hubiera pillado desprevenido. Que se embarcara en este disparate uno de los más prestigiosos directores del momento era sencillamente insólito. Y nadie pareció perdonárselo. De nada sirvió que Preminger nos hubiera regalado anteriormente joyas del cine negro como Laura, ¿Ángel o Diablo? o Al borde del peligro y obras de tal escabrosidad como Anatomía de un asesinato o Buenos días tristeza (drama de tintes incestuosos que supone otro canto a la libertad de vivir, otra bofetada a la sociedad más intolerante y conservadora). A partir de Skidoo ya nada volvió a ser igual para el realizador norteamericano de adopción. Incluso John Edgar Hoover puso a sus perros de presa del FBI tras la pista de la mayoría de los integrantes de esta locura, su director-productor por delante, claro. El resto de su filmografía (incluida su última obra, una austerísima adaptación de El Factor humano de una abracadabrante sobriedad casi teatral) fue dura e injustamente vapuleada e hizo que perdiera definitivamente su estrado junto al Olimpo de otros dioses como Hichtcock, Welles o Ford, donde un día había estado.

Uno de los biógrafos de Preminger (Gerarld Pratley, en su libro para la colección "Directores de cine" publicado en España por JC) dijo de este que era "el director de cine más constante, individualista e independiente de todos". Estoy completamente de acuerdo. Pero claro, ¿qué va a decir alguien que, como su mujer, adora todo lo que este hombre hizo?


sábado, 10 de julio de 2010

LOS MUERTOS NO MUEREN (USA, 1990)

Título original: Dead Men Don't Die. Director: Malcolm Marmorstein. Intérpretes: Elliott Gould (Barry), Melissa Sue Anderson (Dulcie), Mark Moses (Jordan), Philip Bruns (Nolan), Mabel King (Chafuka), Jack Betts (Cavanaugh), Robert Covarrubias (Carlos), Robert Dryer (Mungo), George 'Buck' Flower (Wino), Andee Gray (Isadora), Judy Kain (Margo), Stanley Kamel (Archie). Duración: 94 minutos.
Síntomas: Un famoso presentador de televisión descubre el paradero de un almacén de drogas en el mismo edificio donde está ubicado su canal de tv. A su vez, este es descubierto por los traficantes, que lo matan para evitar su testimonio. Pero el presentador será revivido por medio del vudú por una limpiadora aprendiz de hechicera. Ahora toca vengarse de los criminales.

Diagnóstico: Seguimos a vueltas con el tema zombi, esta vez con una semi desconocida comedia para todos los públicos y, por tanto, sin rastro alguno de vísceras. Y es que el subgénero zombi ha estado por extrañas razones muy ligado siempre a la comedia. Quizá nos sea necesario desdramatizar el asunto de la muerte o la remota posibilidad de que un cadáver pueda volver a la vida para sorpresa de los presentes vivos. El caso es que ya en 1941 con la simpática pero insustancial King of the zombies  la trama se suavizaba con la presencia del cómico de color Mantan Moreland y sus histriónicas caras puestas al servicio en más de una comedia de terror. Desde entonces, como digo, la comedia ha visitado a los zombis en bastantes ocasiones y esta tendencia se ha acrecentado en los últimos años en la seguridad de que sangre y risas son una buena combinación para la taquilla.

En el momento de la aparición de este modesto film el género zombi vivía los últimos estertores de una época dorada experimentada durante los años 70-80. Precisamente en los últimos años habían surgido algunas comedias de temática zombi y que lograron un relativo éxito: Re-animator, El regreso de los muertos vivientes, Estamos muertos... ¿o qué? y un largo etc.

Los muertos no andan se adscribe a esta última corriente y si merece su entrada en esta Casa de locos es principalmente por tratarse de una de las más (justamente) desconocidas. De hecho, en España nos llegó directamente en video, sin que tenga constancia de su estreno en salas de cine. Discretísima como comedia, nula como portadora de alguna novedad relativa al mito zombi, la película cuenta como principal rubro con la presencia de un Elliott Gould que ya había entrado en franca decadencia, como demuestra su participación en este film.

Guionista televisivo, Malcolm Marmorstein, hace aquí su primera (y penúltima) intrusión en labores de dirección, siendo incapaz de sacar un mínimo partido a un argumento ciertamente prometedor para una comedia de tintes fantásticos. Cuando comienza este título, nos las prometemos felices por el aire desenfadado que proyecta y un ritmo bastante dinámico. Sorprendentemente, y a partir del asesinato de Elliot Gould, el director se limita a hacer corretear estúpidamente a todos sus personajes por los pasillos y salas de un edificio sin que la trama avance lo más mínimo y repitiendo una y otra vez los mismos gags de dudosa gracia además.

Marmorstein, también guionista de la cinta como digo, dilapida toda posibilidad ácida que pueda tener la historia: un personaje televisivo convertido en muerto viviente que siga ejerciendo su influencia en un público aborregado, el poder zombificador que ejercen determinados programas sensacionalistas... Nada de eso. El guión entra de lleno en esa molesta creencia de que en una comedia los personajes (y no las situaciones) deben resultar estúpidos, sin caer en la cuenta que con esta premisa lo único que se logra así es divertir a un público estúpido. Y ese es el mayor lastre de toda la cinta. No llega a irritar (es demasiado frugal para eso) pero desde luego tampoco a provocar el más mínimo esbozo de sonrisa, a pesar de que su parte final deriva en pura astracanada, resultándonos difícil al finalizar su hora y media de metraje, destacar un sólo momento verdaderamente afortunado (si acaso el momento de la resurrección de Gould, instante que muestro en el video más abajo, por si alguien se quiere ahorrar el resto). Por el lado fantástico el balance es aún más descorazonador, la aparición de los muertos vivientes aquí es meramente circunstancial y podrían muy bien haber sido sustituidos por cualquier otra ocurrencia, pudiéndonos consolar solamente con algún que otro guiño para el aficionado (como la aparición del detective con un look clavadito al de Kolchack, el famoso periodista de lo paranormal que protagonizó una serie del mismo nombre en la década de los 70).

El reparto es lo único que puede depararnos alguna sorpresa, destacando, como digo el protagonismo de Elliot Gould, ya lejanos los años en los que protagonizó para Robert Altman importantes títulos como El largo adiós (donde encarnaba a un solvente Phillip Marlowe) o M.A.S.H. Junto a él encontramos un reparto eminentemente televisivo con algunas caras conocidas como la guapa Melisa Sue Anderson (la hija mayor de los Ingalls en La Casa de la pradera, qué tiempos aquellos) o Stanley Kamel, recientemente fallecido y al que se recordará por interpretar al psiquiatra de infinita paciencia que trata en su consulta al detective Monk. Y apunte para cinéfilos, el director de la cadena de Tv está interpretado por Jack Betts, magnífico característico que protagonizó varios spaguettis western de éxito (fue Django o Sartana en varios títulos) con el nombre de Hunt Powers. Otros lo recordarán por la breve pero estupenda caracterización que hizo de Boris Karloff (con el que guarda un asombroso parecido) en la exitosa Dioses y Monstruos.

En definitiva, como ya digo, una rareza destinada una vez más a completistas de la temática zombi (esta vez en versión caribeña) que puede acompañar una tarde calurosa de este verano siempre que venga acompañada de una bebida bien fría y abundante "snack".

Ni siquiera con vudú pudo Gould resucitar su carrera

No puede perdérsela: El aficionado a la comedia fantástica de risa fácil.
Abstenerse: El fan de Elliot Gould (si queda alguno ya).

jueves, 22 de abril de 2010

KILLBOTS (USA, 1986)

Título Oringinal: Chopping Mall. Dirección: Jim Wynorski. Intérpretes: Kelli Maroney (Alison), Tony O'Dell (Ferdy), Russell Todd (Rick), Karrie Emerson (Linda), Barbara Crampton (Suzie), Nick Segal (Greg), John Terlesky (Mike), Suzee Slater (Leslie), Paul Bartel (Paul Bland), Mary Woronov (Mary Bland), Dick Miller (Walter), Gerrit Graham (Técnico), Mel Welles (Cocinero). Duración: 72 minutos.

Síntomas: Los robots de seguridad de un gran Centro comercial sufren una sobrecarga eléctrica que los convierte en autómatas sedientos de sangre. Un grupo de adolescentes que han decidido quedarse para montar una fiesta privada en dicho centro deberán luchar para salvar sus vidas.

Diagnóstico: Para el aficionado a la serie B de las tres últimas décadas, Wynorski no es un desconocido. Uno de los realizadores que surgieron bajo la tutela del gran Roger Corman (cuya cantera parece inagotable), el camino emprendido por Jim desde que inició su aventura en solitario, se caracteriza por el sempiterno tono de parodia en todas sus producciones fantásticas, algo que puede resultar irritante para algunos pero que, decididamente, al menos para el que suscribe estas líneas, hace mucho más digeribles los trabajos de este director, incapaz de tomarse en serio a sí mismo en títulos tan delirantes como los de Vampiros del Espacio (1988), con la ex porno star Traci Lords , Transylvania Twist (1989), El comehuesos (2007), Vampirella (1993), pobrísima adaptación del mítico cómic, o secuelas imposibles como 976-Evil II (1991), Munchies II (1993) y Ghoulies IV (1993).

El estilo, los presupuestos, el tono y, por qué no decirlo, sus casposos resultados emparentan muy de cerca con el cine de Fred Olen ray , con el que por cierto compartió dirección en Dinosaur Island (1994). KillBots está acreditado como el segundo título que Wynorski dirigió en su carrera y supone, desde luego, uno de los más divertidos.

En la década de los 80 la fiebre hacia una incipiente tecnología informática trajo sus consecuencias dentro del cine norteamericano que inmediatamente inundó las pantallas con una serie de títulos donde las máquinas tenían un gran protagonismo. Títulos como Tron  (1982), Terminator  (1984) , Runaway, brigada especial (1984) o en clave más familiar Cortocircuito  (1986) contaban tramas en las que generalmente las máquinas suponían una amenaza hacia los incautos seres humanos. Ya unos años antes Michael Crichton nos ponía los pelos de punta en su imprescindible Almas de Metal (1972), donde unos autómatas destinados al ocio en un gigantesco parque temático se rebelaban contra sus hasta entonces dueños humanos. De hecho, Killbots podemos considerarla un remake-homenaje en clave "teen" de aquella cinta.

Teniendo en cuenta que nos movemos en unos terrenos estrictamente de serie b (con vocación de Z), Killbots supone una cinta muy entretenida en primer lugar por ir directa al grano, introduciéndonos de inmediato en una simplísima pero efectiva trama y, en segundo lugar, por reunir todos los ingredientes deseables para el amante de lo cochambroso: acción, humor, desnudos absolutamente gratuitos, efectos especiales cutres y un divertido uso del splatter. ¿alguien da más en apenas 70 minutos?

Por si eso fuera poco, el reparto del film también ofrece más de una sorpresa para el espectador. Breves apariciones especiales del gran Paul Bartel y su señora, la estupendísima Mary Woronov, del infarible Dick Miller (absoluto icono del fantástico y actor fetiche de Roger Corman) e incluso de la mismísima Barbara Crampton, apenas unos instantes antes de convertirse en una actriz de culto para los aficionados merced a su inolvidable intervención en Re-Animator (1986).

Killbots ofrece escenas más interesantes de lo habitual en este tipo de cine (la secuencia de las tarántulas en la tienda de animales, por ejemplo), constantes guiños al aficionado (en un momento determinado los protagonistas ven en la tele Attack of the crab monster, aparecen carteles de otras cintas como Barbarian Queen o Galaxia prohibida , todas ellas dirigidas o producidas por el propio Corman) y si la cinta no trasciende más es debido primero a la simpleza de un guión que se limita a enlazar escenas de persecución con unos diálogos bastante estúpidos y a la inoperancia tras las cámara de Wynorski incapaz de aprovechar las posibilidades de un escenario tan atractivo como es el de un gran centro comercial cerrado, al que George A. Romero supo sacar mucho más partido en su mítica Zombi (1978).
Tráiler de Killbots

No puede perdérsela: El completista de robots con malas pulgas.
Abstenerse: El que no guste de la serie b autoparódica.
Venta: Importación

martes, 12 de enero de 2010

ONE-EYED MONSTER (USA, 2008)

Director: Adam Fields. Intérpretes: Amber Benson (Laura), Jason Graham (Jonah), Jeff Denton (Jim), Caleb Mayo (T.J), Bart Fletcher (Lance), Jenny Guy (Wanda), Veronica Hart (Verónica), Ron Jeremy (Ron), Carmen Hart (Angel), John Edward Lee (Rock), Charles Napier (Mohtz), Frank Noel (Conductor bus). Duración: 79 minutos.

Síntomas: Un equipo de filmación de películas porno se encuentra aislado en el set de rodaje ubicado en una montaña, debido a un temporal. Un extraterrestre con forma de miembro viril se dedicará a poseer y asesinar uno a uno a los miembros del equipo que deberán mostrarse más unidos que nunca para hacer frente al temible ataque de la polla del espacio exterior.

Diagnóstico: El falo humano como objeto de culto ha estado presente desde las culturas más antiguas asociado a la fertilidad. Incuso Mercurio (Hermes para los griegos) no era en su origen sino una deidad fálica asociada a la fertilidad masculina. Puesto que el mito de la vagina dentada ya ha sido tratado aquí en el post dedicado a Killer Pussy, nuestro querido pene, carajo, cipote, minga, manubrio, picha, verga, rabo o como quiera llamársele también merecía su pequeño apartado cinéfilo. Curiosamente, el miembro masculino ha sido siempre objeto de muchos más tabús en el mundo del cine que su correspondencia femenina y si desde aquel primer desnudo de Hady Lamarr en Éxtasis, las actrices han mostrado sin pudor sus atributos cuando les ha venido en gana o la censura lo ha permitido, no sucede así con el hombre, reacios como han estado siempre los estudios a mostrar el pene, quizá por pudor, quizá por reverencia atávica al que siempre ha sido nuestro mayor símbolo de vigor y fertilidad. Menos mal que en las últimas décadas directores como Pier Paolo Passolini, Ken Russell, Derek Jarman, Bernardo Bertolucci, Lars Von Trier o Paul Verhoeven han decidido sacar del ostracismo a este fiel compañero de alegrías (y no pocas decepciones). Incluso una gran producción destinada al consumo de palomitas como Watchmen se atreve a mostrar con arrojo a uno de sus personajes con semejante atributo (eso sí, pitufamente pintarrajeado) durante todo el metraje. Era cuestión de tiempo (y necesidad) que pronto surgiera la aparición de un miembro viril autónomo, separado de su legítimo dueño y con muy malas pulgas, faltaría más. Y curiosamente aparecieron dos al tiempo: Bad Biology de Henenlotter (la cual todavía no he tenido la ocasión de ver) y esta que hoy tan graciosamente nos ocupa.

No obstante me temo que nuestro querido pene, pija, braulio, nabo o banana deberá esperar para tener una aparición cinematográfica de mayor envergadura. Y es que One eye monster se queda, como podíamos sospechar al leer la sinopsis en un mal chiste que se acaba a la media hora de metraje. La premisa y los primeros minutos del film son prometedores y configuran una resultona comedia en torno al crepúsculo de los dioses (y diosas) del viejo porno, arrinconados por nuevas hembras recauchutadas de incipientes neuronas y chulines de gimnasio con poca ética y menor respeto por sus antecesores en el género. Pero la gracia desaparece, paradójicamente, en el momento en el que entra en escena el protagonista de la función: un pene extraterrestre que se dedica a joder (en todos los sentidos) a los miembros del mencionado equipo de filmación. A partir de ahí, como digo, la anécdota no da para más, se limita a una sucesión de escenas con escasa chispa y pocas ocasiones para una sonrisa ni siquiera condescendiente.

Y es que, a lo largo del metraje, un virus endémico destroza las escasas posibilidades de éxito que tenía tan bizarro proyecto: una absoluta carencia de presupuesto. Su director Adam Fields, (en realidad un músico reciclado a guionista y director que compone, como no podía ser de otro modo, la resultona banda sonora), consciente de este hándicap evita mostrar al bicho en cuestión, pero ello, lejos de estimular nuestra curiosidad, alimenta nuestro aburrimiento. Y es que en este proyecto basado en una premisa tan dadaísta, uno espera mayor arrojo en la puesta en escena, y desde luego mayor audacia y alegría para ofrecernos sangre y sexo a raudales. Y aquí salvo en muy puntuales momentos, rara vez aparece nada de esto; en un producto de esta bizarría la corrección (política, estilistica y creativa) se convierte en pecado capital. Así, lo que debería ser el plato fuerte de la función en la segunda parte del metraje, las muertes por empalamiento de tan brioso corcel, casi nunca aparecen en plano, fruto ya no tanto de la falta de presupuesto sino de la propia impericia del director, incapaz de elevarse ante semejante lacra. Ni siquiera el humor es tan burro como podríamos esperar, dando la sensación en todo momento que sus responsables no sabían muy bien lo que tenían entre manos (no se admiten chistes).


Verónica y Ron: recordando los viejos tiempos

Sólo el reparto puede depararnos ciertas satisfacciones. Así, tenemos a los veteranos pornstar Ron Jeremy y Verónica Hart interpretándose a sí mismos e ironizando sin complejos sobre su propia decadencia física y profesional. Verónica y Ron fueron compañeros en decenas y decenas de films porno, toda unas estrellas del género durante las décadas de los 70/80 y aquí nos ofrecen sin duda los mejores momentos. Otra actriz habitual en las producciones de porno duro, Carmen Hart, también pone toda la carne en el asador y es la única que se atreve a enseñar sin tapujos sus más íntimos secretos y regalarnos los mejores momentos de la cinta (atención al momento en el que nos revela su truco para realizar los besos negros, o cuando la vemos ensayar su papel a solas en el dormitorio, impagable). En el momento en el que estos intérpretes ceden su lugar a la bicha del espacio exterior y la película deja de ser una comedia (por muy modesta que sea) ambientada en el mundillo del cine hard, paradójicamente la diversión se termina. Junto a ellos aparece el gran Charles Napier, como viejo veterano del Vietnam, parodiando a esos tipos duros que tantas veces le hemos visto hacer. Desgraciadamente ni su presencia es mínimamente aprovechada, convirtiéndose en más carne de cañón (perdón, de picha) para el desarrollo del film. El resto del reparto cumple con lo que se ellos se espera, es decir, poner cara de circunstancia, gritar y hacer el moñas.

El resultado final, un producto entre dos aguas que naufraga por falta de definición. Una comedia sexual sin apenas sexo, (preferimos para eso la saga Porky´s, las aventuras de Álvaro -Jaimito- Vitali o incluso las andanzas de Pajares y Esteso). Un film de horror sin horror que nos hace añorar tantas y tantas producciones ya vistas, en los que un reducido grupo de personajes, en un microcosmos aislado, se ven en peligro por una amenaza externa, empezando por esas dos obras maestras que son  La Cosa o Alíen, aquí implícitamente presentes durante toda la cinta. Como muestra el tráiler, ejemplo perfecto de cómo recopilar los pocos momentos buenos de un film en apenas dos minutos.


Tráiler Oficial

No puede perdérsela: Los fans de Ron y Verónica. (Vamos no disimuléis, que sé que hay más de uno).
Abstenerse: El que no le guste el sub-género de miembros sexuales asesinos. De hecho ni siquiera sé si existe este sub-género.
Venta: En Importación, of course.
Enlace Emule: One Eyed Monster (V.O.Sub.Español) 2008 DVDRIP Xvid-Mp3 (688x384) Estrenos-Sub.com.avi
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